El Árbol del Mundo y el Sueño Esmeralda

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El Árbol del Mundo y el Sueño Esmeralda es parte del Capítulo I de la Historia de Warcraft aparecida en la página web de World of Warcraft. Se trata a su vez de una revisión de la historia recogida en el manual de Warcraft III: Reign of Chaos, adaptando nombres y lugares a como se llaman en la actualidad.

En WoW Icon 16x16.gif aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.

Durante muchos años, los elfos nocturnos trabajaron con ahínco para reconstruir su antiguo hogar en la medida de lo posible. Dejando sus templos en ruinas y sus carreteras abandonadas, construyeron sus nuevas casas en medio de los frondosos árboles y las umbrías colinas en la base del Hyjal. Al poco tiempo, los dragones que sobrevivieron a la gran Caída acudieron desde sus secretas moradas.

Alexstrasza la roja, Ysera la verde y Nozdormu el broncíneo descendieron sobre los claros tranquilos de los druidas y vigilaron el fruto de la labor de los elfos nocturnos. Furion, que se había convertido en un archidruida de inmenso poder, dio la bienvenida a los poderosos dragones y les contó lo que había pasado con el nuevo Pozo de la Eternidad. Los grandes dragones se alarmaron al escuchar las temibles noticias y especularon sobre la posibilidad de que mientras el pozo existiese, la Legión podría volver cualquier día y asaltar el mundo de nuevo.

Furion y los tres dragones hicieron un pacto para mantener seguro el pozo y asegurarse de que los agentes de la Legión de Fuego nunca volviesen a encontrar el modo de entrar en el mundo.

Alexstrasza, la Unidora de Vida, colocó una bellota encantada en el corazón del Pozo de la Eternidad. La bellota, activada por las potentes aguas mágicas, brotó como un colosal árbol. Las potentes raíces del árbol crecieron en las aguas del pozo y su verde copa parecía rozar el techo del cielo. El inmenso árbol se convertiría en un símbolo eterno del vínculo de los elfos nocturnos con la naturaleza y sus revitalizadoras energías se extenderían con el tiempo para curar los restos del mundo. Los elfos nocturnos llamaron a su Árbol del Mundo Nordrassil, que en su lengua nativa significaba ‘corona de los cielos’.

Nozdormu, el Eterno, lanzó un conjuro al Árbol del Mundo para asegurarse de que mientras el colosal árbol se mantuviese en pie, los elfos nocturnos nunca envejecerían y estarían a salvo de enfermedades.

Ysera, la Soñadora, también lanzó un conjuro al Mundo Árbol y de esta forma le unió para siempre a su propio reino: la etérea dimensión conocida como el Sueño Esmeralda. El Sueño Esmeralda, un vasto mundo espiritual en constante cambio, existía fuera de las fronteras del mundo físico. Desde el Sueño, Ysera controlaba el flujo y reflujo de la naturaleza y la evolución del mismo mundo. Los elfos nocturnos druidas, Furion incluido, estaban unidos al Sueño a través del Árbol del Mundo.

Como parte del pacto místico, los druidas accedieron a entrar en un sueño eterno durante siglos para que sus espíritus pudiesen deambular por los caminos infinitos de los pasajes del Sueño de Ysera. Aunque los druidas no estaban muy convencidos de perder tantos años hibernando, accedieron desinteresadamente a mantener su trato con Ysera.

World of Warcraft[editar | editar código]

En WoW Icon 16x16.gif puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en la página oficial de World of Warcraft. Dicho libro puede encontrarse en el Bancal del Artesano de Darnassus[56, 3] y en el Monasterio Escarlata. Cuenta para el logro Inv misc book 04.png [Erudito].


El Árbol del Mundo y el Sueño Esmeralda

Durante muchos años, los elfos de la noche trabajaron incesantemente para reconstruir su antigua tierra natal. Abandonando sus templos destruidos a merced de la maleza, construyeron sus nuevos hogares en medio de verdeantes árboles y frescas colinas junto al Monte Hyjal. Con el tiempo, los dragones que habían sobrevivido al Gran Cataclismo salieron de sus secretas moradas.

Alexstrasza la roja, Ysera la verde y Nozdormu el broncíneo descendieron por los serenos claros de los druidas y supervisaron los frutos del trabajo de los elfos de la noche. Malfurion, que se había convertido en un archidruida de inmenso poder, saludó a los magníficos dragones y les habló de la creación del nuevo Pozo de la Eternidad.

Los grandes dragones, alarmados al escuchar tan nefasta noticia, creyeron que, mientras el Pozo de la Eternidad existiera, la Legión podría volver con el propósito de destruir el planeta nuevamente. Malfurion y los tres dragones hicieron un pacto para proteger el Pozo y asegurarse de que los agentes de la Legión Ardiente jamás volvieran a poner pie en el planeta.

Alexstrasza la Protectora, colocó una bellota encantada en el corazón del Pozo de la Eternidad. La bellota, activada por las poderosas aguas mágicas, brotó rápidamente hasta convertirse en un árbol colosal. Las potentes raíces del árbol se extendieron desde las aguas del Pozo y la verdeante copa abarcó la inmensidad del cielo.

El árbol será un símbolo eterno del vínculo de los elfos de la noche con la naturaleza y sus energías portadoras de vida se extenderán por todas partes para curar a los habitantes del planeta. Los elfos de la noche dieron al Árbol del Mundo el nombre de Nordrassil, cuyo significado era "corona de los cielos" en su lengua nativa.

Nozdormu el Atemporal lanzó un encantamiento sobre el Árbol del Mundo que garantizaría que, siempre que el árbol estuviese en pie, los elfos de la noche jamás envejecerían ni enfermarían.

Ysera la Soñadora también lanzó un hechizo sobre el árbol, vinculándolo a su propio reino, la dimensión etérea conocida como el Sueño Esmeralda. El Sueño Esmeralda, un mundo espiritual eternamente cambiante, existía más allá de las fronteras del mundo físico. Desde el Sueño, Ysera regulaba las mareas de la naturaleza y la evolución del mundo propiamente dicho.

Los druidas de los elfos de la noche, incluyendo al propio Malfurion, crearon un vínculo con el Sueño a través del Árbol del Mundo. En un pacto místico, los druidas aceptaron dormir simultáneamente durante siglos para que sus espíritus pudieran recorrer las infinitas sendas de los sueños de Ysera. Aunque los druidas sufrían ante la perspectiva de perder tantos años de sus vidas entregándose a la hibernación, mantuvieron desinteresadamente su pacto con Ysera.

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