Escrito de Secretos Viles

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El Escrito de Secretos Viles es un libro que se encuentra en el Martillo Vil, en Mardum, el Abismo Devastado. Contiene la historia de los artefactos de los cazadores de demonios.

Contenido[editar | editar código]

Introduccion[editar | editar código]

ESCRITO DE SECRETOS VILES

Demon Hunter Crest.png

-Redactado por Vahu de los Illidari.

Hojas gemelas del impostor[editar | editar código]

Artículo principal:  [Verus] &  [Muramas]

HOJAS GEMELAS DEL IMPOSTOR

Pobre Varedis. Lo conocíamos bien... pero no lo lloréis. Su muerte fue demasiado rápida y misericordiosa para un traidor que derramó tanta sangre Illidari.

Estas armas suyas son verdaderamente peligrosas, imbuidas con la esencia de su maestro eredar, Kil'jaeden. Intentarán convertirte en la nueva marioneta del Impostor. No cedas ante la debilidad como hizo Varedis.

PRIMERA PARTE

Estas armas pertenecieron a Varedis Alma Vil. Fue uno de los mejores cazadores de demonios Illidari que se hayan unido a nuestras filas.

Y nos traicionó a todos. El poder de estas armas fue la recompensa de Varedis por enfrentarse a sus hermanos y hermanas y unirse al ejército que había jurado derrotar. No podemos cambiar lo que hizo, pero podemos vengar cada gota de sangre que derramó en nombre de la Legión, y con estas gujas de guerra devolverle el favor mil veces.

Con un poco de suerte, estas armas se volverán contra el maestro de Varedis algún día.

SEGUNDA PARTE

No olvidemos lo que Varedis Alma Vil logró. Era uno de los cinco primeros elfos de sangre enviados por el príncipe Kael'thas Caminante del Sol para que se entrenaran con lord Illidan Tempestira como cazadores de demonios. Fue brutal. Tres de esos elfos murieron durante el entrenamiento y un cuarto se volvió loco.

Solo sobrevivió Varedis. Su ansia de matar demonios era demasiado poderosa como para rendirse antes de probar la sangre de la Legión. Sacrificó sus ojos encantado y sin pestañear ante el dolor.

Se dice que fue uno de los más entregados en su afán por luchar contra la Legión Ardiente.

TERCERA PARTE

Cuando Varedis se ganó un lugar entre los Illidari, su entrenamiento continuó. Fue una prueba de fuego. Los cazadores de demonios sin experiencia no tenían el lujo de estudiar durante años en bibliotecas o aulas antes de entrar en combate. Los nuevos reclutas se enviaban a misiones peligrosas acompañados de maestros con experiencia.

Varedis entrenó con tres de los mejores luchadores de Illidan. Una y otra vez sus hojas se unieron para derramar sangre demoníaca por el cosmos.

Al cabo de un año, Varedis había superado a sus maestros y ayudaba a otros reclutas a sobrevivir a sus primeros contactos con la Legión. Se había vuelto muy eficaz y, de vez en cuando, acompañaba al propio lord Illidan en sus viajes más importantes.

CUARTA PARTE

La misión más fatídica de Varedis fue una misión en solitario. En Terrallende, lord Illidan había recibido muchos informes de que los restos del Consejo de la Sombra seguían en activo. Envió a Varedis a rastrear y robar toda información que pudiera encontrar.

Poca sangre se derramó ese día. Varedis se coló en un complejo de cuevas habitado por acólitos del Consejo de la Sombra sin llamar la atención. Encontró algo raro, un libro que emanaba esencia demoníaca. Dentro había información muy valiosa sobre la naturaleza de los demonios, sus debilidades y sus hábitos. Este tomo, el Libro de Nombres Viles, contenía un enorme poder.

Y era imposible llevárselo. El Consejo de la Sombra lo había encantado de un modo que impedía que Varedis lo sacara de la cueva.

Rápidamente, Varedis se imbuyó de tanto poder del libro como le fue posible. Lo devolvió a su lugar y el Consejo de la Sombra no se enteró siquiera de que un Illidari había estado allí.

Lord Illidan alabó esta hazaña. Al fin y al cabo, usar los poderes de los demonios contra ellos era el propósito principal de un cazador de demonios. El orgullo de Varedis se hinchó.

QUINTA PARTE

Varedis disfrutó de ese poder mejorado durante años y lo aprovechó para convertirse en una pesadilla para la Legión Ardiente. Sentía los movimientos de los demonios antes de que ocurrieran; entendía sus pensamientos antes de que actuaran.

Pero Varedis no sabía que, en realidad, no había robado el poder del libro. Simplemente se había vinculado a él.

Cuando la Legión Ardiente invadió Terrallende, se hizo el caos. Illidan puso en marcha su plan final y pidió ayuda a todos los Illidari.

Los campeones de la Horda y la Alianza atravesaron el Portal Oscuro para repeler el asalto de la Legión Ardiente. Se enfrentaron a los miembros del Consejo de la Sombra y robaron el Libro de Nombres Viles, rompiendo los encantamientos que lo mantenían en su lugar.

Esto supondría la caída de Varedis

SEXTA PARTE

Ni la Horda ni la Alianza entendían los planes de Illidan. Pensaban que era un aliado de la Legión, y por ello asediaron el Templo Oscuro. Muchos Illidari intentaron impedirlo, entre ellos Varedis.

Pero tuvo que enfrentarse a poderosos enemigos que poseían el Libro de Nombres Viles. Comenzaron a desgarrar el libro hoja por hoja y Varedis descubrió que su destrucción lo debilitaba. El poder demoníaco que había tomado prestado se esfumó rápidamente.

Varedis murió en el Templo Oscuro. Su alma, imbuida de energía demoníaca, no descansó en el olvido. Se desvaneció en El Vacío Abisal.

SÉPTIMA PARTE

Es un riesgo para todos los cazadores de demonios. Al robar los poderes de los demonios, nuestras almas pueden volver a sus dominios, bajo su control, al caer en batalla.

Ese fue el destino de Varedis Alma Vil. El mismo Kil'jaeden reclamó su alma y descargó un tormento eterno sobre él.

Varedis aguantó durante un tiempo. No fue el dolor lo que quebrantó su espíritu. A fin de cuentas, por algo llaman el Impostor a Kil'jaeden. El señor eredar aprovechó su conmoción tras la batalla del Templo Oscuro. Los campeones estaban preparados para enfrentarse a Varedis; ¿quién les habría hablado de su poder prestado?

No habían sido demonios, eso seguro. La Legión habría preferido recuperar el Libro de Nombres Viles intacto. Por el mismo motivo, no podría haber sido el Consejo de la Sombra. "Tienen que haber sido los Illidari", le dijo Kil'jaeden. "Solo ellos conocían tu poder. Te han traicionado".

Varedis terminaría por creerle.

OCTAVA PARTE

Cuando Kil'jaeden envenenó la mente de Varedis, comenzó a tentar al Illidari caído. El cazador de demonios no había hecho más que degustar el verdadero poder de la Legión. Si Varedis se entregaba a la Legión Ardiente, experimentaría todo su potencial.

Varedis accedió, rompió todos sus juramentos y traicionó a todos sus compañeros.

Kil'jaeden tenía un plan especial para él. Con la ayuda de otros eredar, realizó un peligroso y agónico ritual mediante el que imbuyó una parte de su alma en el espíritu de Varedis. Al finalizar el ritual, Varedis dejó de ser un cazador de demonios y se convirtió en un demonio, fiel a la Legión Ardiente y sediento de venganza.

Varedis descubrió que sus armas, estas gujas de guerra, también habían cambiado. El ritual las había dotado de otra parte del increíble poder de Kil'jaeden.

NOVENA PARTE

Durante los años siguientes a la conversión de Varedis, se convirtió en el terror de todo el que se opusiera a la Legión Ardiente. Mundo tras mundo, ciudad tras ciudad, inocente tras inocente, todo sucumbía bajo su poder.

A menudo actuaba en silencio. En secreto. La Legión Ardiente no quería que nadie en Azeroth descubriera su verdadero potencial.

Pero la Legión le permitía alguna satisfacción de vez en cuando. Los pocos Illidari que escaparon tras la muerte de Illidan se habían ocultado en Terrallende y Azeroth. Enviaron a Varedis para que se encargara de perseguirlos uno a uno. Se deleitó con esta tarea. Estaba convencido de que lo habían traicionado.

DÉCIMA PARTE

Durante mucho tiempo, los Illidari desconocíamos quién nos cazaba. No se reveló hasta que la Legión llegó a las Islas Abruptas.

Cuando asaltaron la Cámara de las Celadoras, apareció una sombra en el cielo. Alguien descendía una y otra vez para acabar con las vidas de los Illidari recién liberados que intentaban escapar. Se trataba de Varedis Alma Vil. No podía resistirse a la oportunidad de masacrar a tantos de nosotros.

Seguramente tuviera una razón táctica para ello. Sus acciones nos alertaron de su presencia. Sabía que atraería a uno de los Illidari más poderosos y creía que podría tender una trampa para acabar con él.

Quizás se arrepintió de esa decisión en sus últimos momentos.

UNDÉCIMA PARTE

Que la historia de Varedis sirva como advertencia. Era decidido, poderoso, inteligente y eficaz... y, a pesar de eso, su voluntad no pudo resistir la idea de que los suyos lo hubieran traicionado. Todos los Illidari tenemos debilidades y no somos inmunes a las tentaciones.

Y la Legión Ardiente lo sabe. Cualquier debilidad que tengas, la Legión la pondrá a prueba.

Pero, hasta que llegue ese día, que nos teman una vez más. Estas gujas de guerra contienen una parte del poder de Kil'jaeden, por lo que sin duda quedó encantado cuando supo que la sangre de nuestros hermanos corría por sus hojas.

Pero no le gustará tanto lo que vamos a hacer ahora con ellas.

Hojas de guerra Aldrachi[editar | editar código]

Artículo principal:  [Hojas de Guerra Aldrachi] &  [Hojas de Guerra Aldrachi]

HOJAS DE GUERRA ALDRACHI

Los numerosos arañazos y muescas que marcan las Hojas de Guerra Aldrachi forman un mapa de su violenta historia. Estas armas han destruido a miles de demonios y han absorbido sus retorcidas almas. Se dice que las Hojas de Guerra incluso absorbieron la sangre fundida de Sargeras, líder de la Legión Ardiente.

Estas hojas sobrenaturales contienen un extraordinario poder. En tus manos sembrarán el caos en la Legión.

PRIMERA PARTE

Las escasas leyendas sobre los antiguos Aldrachi hablan de su insuperable habilidad como guerreros. Su orgullosa gente nació para combatir. Toda su cultura giraba en torno a ello. El servicio militar era obligatorio para todos los Aldrachi y comenzaba en cuanto echaban a andar.

Así fue también para Toranaar. Tras dar sus primeros pasos, formó parte de la implacable máquina de guerra Aldrachi.

Procedía de una respetable familia de guerreros, entre los que su hermano mayor era el más poderoso. El linaje de Toranaar prometía grandes cosas. Y estuvo a la altura.

SEGUNDA PARTE

Toranaar entrenó durante muchos años, superando durísimas pruebas que separaban al débil del fuerte. Su motivación para resistir el dolor y el sufrimiento fue la posibilidad de alcanzar la victoria y poder empuñar unas hojas de guerra.

Más que títulos o riqueza, los Aldrachi codiciaban las armas como posesiones valiosas y símbolos de estatus. Las hojas de guerra eclipsaban en prestigio al resto de armas. Estas armas poderosas se creaban a partir de cristales poco comunes que se encontraban en las profundidades de la tierra. Los extraños minerales tenían muchas propiedades únicas; la más poderosa era absorber los espíritus de los muertos. Los herreros empleaban técnicas secretas para encantar estos cristales y forjar con ellos instrumentos mortales.

Las hojas de guerra resultantes podían consumir las almas de sus víctimas. Cada espíritu devorado imbuía el arma con un poder mayor. Las hojas de guerra más antiguas contenían miles de almas y se las respetaba tanto como a los temibles guerreros Aldrachi que las empuñaban en batalla, si no más.

Cuando el joven Toranaar se tumbaba en la cama cada noche con el cuerpo maltrecho y magullado, solo pensaba en empuñar sus propias hojas de guerra. Deseaba que esa visión se convirtiera en realidad.

TERCERA PARTE

Al final de su entrenamiento, Toranaar tuvo un examen final. El alto mando militar Aldrachi eligió a un guerrero veterano al azar para enfrentarse a muerte contra el joven iniciado. El día del duelo, Toranaar entró en la arena ritual para enfrentarse a su oponente.

Se trataba de su hermano mayor.

Toranaar solo lanzó una rápida mirada a su hermano. Tenía los ojos fijos en las hojas de guerra. Toranaar estaba a punto de alcanzar su sueño y nada lo detendría. Ni siquiera su familia.

Los dos hermanos se enfrentaron durante toda la noche y hasta el día siguiente. Cuando ambos estaban al borde de la muerte, Toranaar logró desarmar a su hermano y hacerse con las hojas de guerra. Sin mediar palabra, le clavó las armas en el pecho a su hermano y las hojas bebieron el alma del guerrero caído.

CUARTA PARTE

Las historias de los Aldrachi llegaron a oídos de la Legión Ardiente y de su líder, Sargeras. Junto a su ejército de demonios, había diezmado numerosas civilizaciones mortales en su misión de extinguir la vida del cosmos. Sargeras siempre estaba deseoso de encontrar nuevas razas poderosas a las que someter a su voluntad y usar como agentes de destrucción. Los Aldrachi parecían candidatos ideales para servirle.

En vez de destruir el mundo de los Aldrachi, Sargeras ordenó a su ejército que lo invadiera. La Legión desgastaría a los guerreros hasta que estuvieran listos para la conversión demoníaca. Sargeras sabía que sus seguidores sufrirían grandes pérdidas contra el enemigo, peso eso no lo desanimó.

Aunque le llevara un año, diez, o cien... Sargeras controlaría a los Aldrachi.

QUINTA PARTE

Extracto de los registros Nathrezim conocidos como El Códice de los Muertos:

"Criaturas curiosas, los Aldrachi. Mucho más resistentes y prometedores de lo que pensábamos.

La Legión invadió su pequeño mundo con una fuerza sobrecogedora: un mar de señores del foso y guardias viles, de shivarras y mo'arg, avanzando de horizonte a horizonte. Aun así, los Aldrachi mantuvieron la invasión a raya. Cientos de demonios caían para acabar con uno solo de sus guerreros. Los Aldrachi lucharon como bestias voraces y el más feroz de todos era Toranaar el Indómito.

Sus hojas de guerra rugían en el fragor de la batalla y acababan con todos los enemigos cercanos. Cada demonio que mataba Toranaar parecía imbuirlo de fuerza y vigor renovados. Era un ejército por sí mismo".

SEXTA PARTE

Oleada tras oleada de demonios rompía contra el frente Aldrachi. Toranaar y otros guerreros experimentados repelían cada ataque, pero el ejército de la Legión no menguaba. Por cada demonio derrotado, otro ocupaba su lugar. Lenta y metódicamente, la Legión redujo la resistencia Aldrachi y consiguió hacerla retroceder hasta la fortaleza del corazón de su capital.

Solo quedaban Toranaar y un puñado de campeones que empuñaban hojas de guerra rebosantes de las almas de las miles de víctimas derrotadas. Los cadáveres de Aldrachi y demonios cubrían el suelo. Dicen que no quedaba un hueco vacío en leguas a la redonda.

Toranaar preparó a sus aliados para otro ataque de la Legión, pero este nunca llegó. Los demonios detuvieron su avance y confundieron a los Aldrachi. Una figura monstruosa emergió de entre las filas de la Legión.

Era Sargeras. Tenía una oferta para Toranaar.

SÉPTIMA PARTE

Nadie sabe qué forma usó Sargeras para enfrentarse a Toranaar. Algunos registros Nathrezim dicen que el colosal líder de la Legión imbuyó una parte de su poder en un avatar y lo envió a la fortaleza Aldrachi. Sea cual sea la verdad, lo que es seguro es que invitó a Toranaar a unirse a la Legión.

Sargeras prometió al guerrero Aldrachi y a sus aliados un poder inimaginable. Serían su guardia personal y liderarían a miles de demonios en batalla. Sargeras pensaba que una oferta así sería irresistible para los guerreros Aldrachi.

La negativa de Toranaar fue rotunda. Prometió destruir a la Legión por todos los Aldrachi que habían matado los demonios, o morir en el intento. En cualquier caso, jamás se doblegaría ante Sargeras.

OCTAVA PARTE

Los demonios todavía susurran historias de la batalla entre Toranaar y Sargeras. Las huestes de la Legión allí reunidas observaron cómo su líder se enfrentaba al guerrero Aldrachi. Sargeras podría haber aniquilado a Toranaar en cualquier momento, pero no era eso lo que buscaba.

Sargeras deseaba corromper al campeón Aldrachi y, para ello, debía agotar a Toranaar. El líder de la Legión lo intentó durante días. Como un depredador cruel que juega con su presa, Sargeras atacó a Toranaar lo justo para debilitarlo.

Toranaar era un guerrero experimentado y descubrió el plan de Sargeras. Sabía que no podría derrotar al líder de la Legión en combate, así que decidió desafiarlo por última vez. Toranaar fingió su rendición. Cuando Sargeras bajó la guardia, el campeón Aldrachi golpeó.

Sus hojas de guerra atravesaron la piel de Sargeras y brotó fuego de la herida. Aunque no era más que un rasguño, los demás Aldrachi gritaron triunfales.

Fue la última vez que se oirían gritos de guerra en la que fuera su gran capital.

NOVENA PARTE

El desafío de Toranaar irritó a Sargeras. En un momento hizo pedazos al guerrero y a sus compañeros Aldrachi. Tal fue la ira de Sargeras que no quedó ni rastro de los cuerpos, solo polvo. El líder de la Legión ordenó a sus ejércitos que desataran un infierno en el mundo Aldrachi que ardiera durante toda la eternidad.

Aunque Sargeras fracasó en corromper a los Aldrachi, no todo estaba perdido. Dejó intactas las hojas de guerra que usaron Toranaar y sus hermanos. Si los Aldrachi no servían a la Legión, sus formidables armas sí lo harían.

DÉCIMA PARTE

Sargeras ordenó a su teniente Kil'jaeden el Impostor que distribuyera las hojas de guerra de los Aldrachi. Durante miles de años, el demonio buscó a los mejores guerreros de la Legión. Los que consideraba dignos recibían un juego de hojas de guerra. En manos de los demonios, esas armas masacraron civilizaciones, exterminaron razas enteras y consumieron las almas de cientos de miles de muertos.

Al final, Kil'jaeden había entregado todas las hojas de guerra, excepto las que pertenecieron a Toranaar. Esas eran las armas más poderosas de los Aldrachi. Kil'jaeden las guardó con celo, a la espera de un campeón lo suficientemente despiadado como para empuñar las armas que habían hecho sangrar a Sargeras.

UNDÉCIMA PARTE

Tras años de espera, Kil'jaeden encontró a alguien digno de blandir las hojas de guerra de Toranaar. Se llamaba Caria Alma Vil y era una de las cazadoras de demonios más astutas y hábiles de los Illidari.

Caria había dado la espalda a los Illidari y se había comprometido con la Legión a cambio de poder, y Kil'jaeden la recompensó. Inundó a la cazadora de demonios de energía oscura y la moldeó hasta convertirla en su perfecta sirviente. Antes de lanzarla contra sus enemigos, le regaló las Hojas de Guerra Aldrachi.

Kil'jaeden saboreó este último acto, sabiendo que iba contra todo aquello por lo que Toranaar había luchado. El Aldrachi había usado sus hojas de guerra para defender la dignidad de su pueblo y rechazar la oferta de poder de Sargeras. Empuñadas por una traidora como Caria, se convertirían en instrumentos de traición, asesinato y deshonor.

Véase también[editar | editar código]

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