Escrito sobre artilugios malditos

De Wowpedia
Saltar a: navegación, buscar

El Escrito sobre artilugios malditos es un libro encontrado en la Falla Cicatriz del Terror. Contiene la historia de los artefactos de los brujos.

Contenido[editar | editar código]

Introducción[editar | editar código]

ESCRITO SOBRE ARTILUGIOS MALDITOS

Warlock Crest.png

Según lo documentado por Mile Raitheborne, investigador jefe del Consejo de los Seis.

Ulthalesh, la Falce del Paso de la Muerte[editar | editar código]

Artículo principal:  [Ulthalesh, la Falce del Paso de la Muerte]

ULTHALESH, LA FALCE DEL PASO DE LA MUERTE

Quienes tengan apego a su alma harían bien de no jugar con esta guadaña maldita. Entre los vivos son pocos los que conocen sus orígenes, pero los muertos conocen muy bien sus poderes.

Ulthalesh se atiborra de las almas de sus víctimas y gana fuerza con cada masacre. Durante la Guerra de los Ancestros, Sargeras otorgó esta hoja infernal a una de sus mejores necrólitas. En aquella época se la conocía solo como Ulthalesh; no ganaría su macabro sobrenombre hasta convertir el Paso de la Muerte en un osario, aniquilar a sus habitantes y erradicar toda vida de la tierra.

Desde entonces, Ulthalesh se ha vuelto aún más poderosa.

PRIMERA PARTE

Antes de caer del panteón de los titanes, Sargeras defendió la creación contra los demonios y aprisionó a gran cantidad de ellos en Mardum, el Plano del Destierro. Durante milenios, estos demonios no estuvieron ociosos. El señor del terror Ulthalesh gobernó esa dimensión cerrada con mano de hierro, donde conspiraba para cuando llegara el día de vengarse.

Sargeras destruyó Mardum para reclutar fuerzas para la Legión, les dio un ultimátum a sus antiguos prisioneros: o se unían a él o caerían en el olvido. La mayoría aceptaron, pero muchos se negaron bajo el liderazgo de Ulthalesh. En respuesta al desafío, Sargeras forjó una guadaña de acero vil con los fuegos de la destrucción de Mardum y la usó para cosechar las almas de los demonios rebeldes y confinarlas en esa nueva prisión. Ulthalesh, el más fuerte de ellos, fue el último devorado.

SEGUNDA PARTE

Sargeras llamó a la guadaña Ulthalesh, por el Señor del Terror que se había alzado contra él. Su espíritu confirió al arma una fuerza insondable, pero comportaba una maldición, pues quienes la blandían acababan consumidos por ella inevitablemente. La guadaña obedecería las órdenes de sus amos hasta que los hirieran de muerte, momento en el que Ulthalesh se daría un festín con sus almas. A lo largo de los siglos, Sargeras otorgó la hoja a astutos nathrezim, feroces señores de la fatalidad e incluso poderosos semidioses; todos ellos acabaron devorados por Ulthalesh. La guadaña se volvía más fuerte con cada amo que absorbía, y a Sargeras le costaba dar con siervos capaces de controlar el arma.

Por encima de los lamentos de las almas atrapadas en la guadaña, el titán oscuro podía oír la macabra risa de Ulthalesh.

TERCERA PARTE

Durante la Guerra de los Ancestros, los pueblos de Azeroth se rebelaron contra la invasión de la Legión Ardiente y Sargeras pretendía doblegar su voluntad con Ulthalesh. Pero primero tenía que hallar a un siervo lo bastante poderoso como para blandirla.

Pensó en la eredar Sataiel. Era la primera necrólita con la fuerza necesaria para dar órdenes a los espíritus de los vivos y los muertos mediante magia vil, una hazaña que rivalizaba incluso con las facultades necrománticas de Kil'jaeden. Además, era tremendamente ambiciosa y audaz hasta la arrogancia. No se inmutaba ante la siniestra reputación de Ulthalesh. Cuando Sargeras le otorgó el arma, la aceptó con entusiasmo.

"Seré su dueña definitiva", dijo Sataiel.

CUARTA PARTE

Hace milenios, Sargeras le dio Ulthalesh a Sataiel y le ordenó que cosechara las almas de los habitantes rebeldes de Azeroth, empezando por la zona que posteriormente se conocería como el Paso de la Muerte. Nadie sabe cómo se llamaba la zona antes de la llegada de Sataiel. La mayoría prefieren no pensar en ello en absoluto. Es el lugar de sepultura de infinidad de trols que fueron asesinados metódicamente y cuyos espíritus consumió Ulthalesh, lo cual potenciaba su poder para matar aún más. La guadaña se fue alimentando sin cesar hasta que no quedó un habitante vivo.

Pero Sataiel sabía que esto solo era el principio, un comienzo prometedor que solo sugería de qué era capaz Ulthalesh. Sargeras la había enviado a quebrantar la voluntad de los habitantes de Azeroth. No bastaba con matarlos sin más; los cadáveres se podían enterrar y olvidar. Decidió atacar el corazón mismo de la tierra para que no pudiera surgir ninguna vida nueva. Con Ulthalesh, se encargaría de que el Paso de la Muerte se erigiera como un monumento a la ira de la Legión.

QUINTA PARTE

Ulthalesh ha tenido muchos amos, pero Sataiel fue la primera en descubrir el auténtico potencial de la guadaña.

Tras usar Ulthalesh para consumir las almas de todas las criaturas vivientes del Paso de la Muerte, dirigió la hoja contra la tierra en sí, drenándola de vida. Los árboles quedaron reducidos a carcasas marchitas. Los pantanos se convirtieron en un erial seco. El cielo se volvió de un gris sepulcral, el sol se cubrió en una mortaja. Sataiel saboreaba la desesperación de los nuevos prisioneros de la guadaña mientras ayudaban sin querer a la aniquilación de su hogar. La destrucción era absoluta. Incluso la durmiente alma-mundo de Azeroth tembló.

Sataiel estaba impresionada con su trabajo. Ulthalesh también.

SEXTA PARTE

Del diario de Sataiel, recuperado de las ruinas del Paso de la Muerte:

"Examiné la destrucción que había causado con la gran Ulthalesh y era gloriosa. La tierra era un mausoleo. Todo era ruina, decadencia, descomposición... salvo una zona. La fuerza explosiva de nuestro ritual había abierto un enorme cráter en el suelo y en él se agitaban energías antinaturales que formaban un nexo mágico. Comprendí que había engendrado una fuente de poder más potente que la guadaña en sí.

Debo informar a Sargeras. Pero algo me detiene, algo que no puedo pasar por alto.

¿Qué derecho tiene Sargeras sobre este poder? ¿Quién sino yo podría haber llevado la guadaña a su máximo potencial? Nadie. Ulthalesh lo sabe y me insta a no entregar a nuestra progenie.

Con tanta fuerza a nuestra disposición, dice que tal vez un día podamos desafiar a Sargeras".

SÉPTIMA PARTE

Como todos los que se atreven a empuñar esta perniciosa hoja, Sataiel era ambiciosa, tenaz y extremadamente segura de sí misma. Había ido a Azeroth para demostrarle su valía a Sargeras, pero cuando descubrió las cotas de poder que podía conseguir con Ulthalesh, se preguntó si no se habría puesto el listón muy bajo. Había masacrado a miles, convertido la tierra en una tumba y abierto un nexo mágico de fuerza indescriptible. Su destino era brillante y no necesitaba el auspicio de nadie para alcanzarlo.

Ulthalesh susurraba a Sataiel desde la guadaña y le infectaba la mente. Decidió quedarse el nexo mágico para sí y lanzó potentes resguardos para ocultarlo al mundo exterior. Luego cortó todo contacto con la Legión y se dedicó a esperar hasta que ella y Ulthalesh tuvieran la fuerza necesaria para desafiar al titán oscuro.

OCTAVA PARTE

Durante siglos, la necrólita Sataiel custodió Ulthalesh y acaparó el nexo mágico que habían creado. Cuando Sargeras descubrió su engaño, entró en cólera. La fuente de poder era suyo por derecho propio y Sataiel la mantenía oculta. Además sus espías le informaron de que Sataiel sufría también delirios de grandeza y conspiraba con el espíritu de Ulthalesh para matarlo. Tamaña arrogancia no podía quedar impune. Había que eliminar a la eredar arribista.

Sargeras encontró a su campeón en Scavell, el guardián de Tirisfal. Le envió al guardián visiones de una peligrosa entidad demoníaca que acechaba en el Paso de la Muerte y esperaba el retorno de la Legión Ardiente. Armado de valor, Scavell se encargó de localizar a Sataiel y, tras una batalla épica, la mató con su propia arma. Su alma fue a parar entre gritos al interior de la guadaña.

Mientras el guardián examinaba la hoja, el temor lo invadió. Rara vez había visto un instrumento de muerte tan poderoso y, aunque había matado a su portadora, se preguntaba si la auténtica amenaza no seguiría libre. Decidió esconder Ulthalesh donde nadie pudiera encontrarla.

NOVENA PARTE

Potenciada por el espíritu de Sataiel, la guadaña se había vuelto muchísimo más fuerte. Su capacidad de adquirir poder no parecía tener límites. Sargeras conocía las intrigas de Ulthalesh, sus promesas a Sataiel de que algún día sería capaz de rivalizar con el titán oscuro. Aunque las consideraba meras bravuconadas, se negó a darle a Ulthalesh la oportunidad de cumplir con sus amenazas.

Siglos después de que Scavell escondiera Ulthalesh, Sargeras alteró la mente del guardián Medivh para que le ayudara a recuperar el control de la guadaña. El guardián se obsesionó con esta tarea y envió a los jinetes oscuros a buscar la hoja y llevarla de vuelta a la torre de Karazhan, que se había erigido sobre el nexo mágico del Paso de la Muerte, el nexo que Sataiel y Ulthalesh habían creado. Sargeras estaba complacido. Solo era cuestión de tiempo que los jinetes oscuros localizaran el arma y ridiculizaran las ambiciones de Ulthalesh.

DÉCIMA PARTE

El encargo de Medivh fue tan poderoso que los jinetes oscuros continuaron con la búsqueda de Ulthalesh incluso tras la muerte del guardián. Llegó un momento en que su líder, Ariden, se vio atraído hacia la guadaña al sentir el ansia de las almas atrapadas en su interior, y se la llevó a las catacumbas que hay bajo Karazhan.

Ariden no tenía la fuerza de voluntad ni el ingenio de Sataiel, de modo que su control sobre Ulthalesh no duró mucho. Hay informes contradictorios acerca de cómo encontró su fin. Algunos dicen que sucumbió a la maldición de la guadaña tras ser derrotado en la batalla, pero existen otras versiones. Sea como fuere, Ulthalesh desapareció poco después de la muerte de Ariden y se desconoce su paradero actual. La leyenda dice que solo un individuo con una fortaleza y unas habilidades excepcionales podrá controlarla.

UNDÉCIMA PARTE

Aquí se expone un pasaje de Un Análisis Hipotético Sobre las Debilidades de la Legión, de autor desconocido. La Autoridad Archivística de Argus lo considera apócrifo, y actualmente está prohibido en todos los mundos controlados por la Legión.

"Hay pocas cosas en la creación a las que Sargeras tema. Ulthalesh, la Falce del Paso de la Muerte, es una de ellas. La necrólita Sataiel se arrepiente de no intentar matar al titán caído con la guadaña cuando pudo, así que pondrá a prueba a cualquiera que ose portarla en su lugar. A Ulthalesh no le preocupa: el nuevo maestro de la guadaña superará a Sataiel o será consumido, lo que hará que el arma se torne más poderosa. Después, otro portará la guadaña. Y después, otro más.

Ulthalesh lleva milenios jugando a este juego con Sargeras. Conoce bien el significado de la paciencia".

El Cráneo del Man'ari[editar | editar código]

Artículo principal:  [Cráneo del Man'ari] y Espinazo de Thal'kiel

EL CRÁNEO DEL MAN'ARI

Contempla el cráneo de Thal'kiel el Rechazado, antaño un gran líder de los eredar. Miró a las profundidades de la Gran Oscuridad del Más Allá y abrazó aquello que le devolvía la mirada. Vio mundos consumidos por el fuego vil, criaturas oscuras de El Vacío Abisal que infestaban civilizaciones mortales, la conquista de la creación. Ahora lo único que queda de él es su cráneo, que confiere al portador el poder de mandar a los demonios.

Como la mayoría de cráneos, el de Thal'kiel lleva aparejada una moraleja. Lástima que nadie le haya hecho nunca caso.

PRIMERA PARTE

Antes de la llegada de Sargeras a Argus, el eredar Thal'kiel marcó el comienzo de una era dorada para su gente. Thal'kiel era un hechicero de talento sin igual; él y sus heraldos ampliaron los límites de la invocación y la magia de vinculación, y conjuraron entidades Arcanas que ayudaron a levantar la prodigiosa arquitectura de la ciudad. Thal'kiel también ideó las máquinas que concentraban la energía Arcana latente del mundo, lo que trajo a Argus paz, armonía y vitalidad. Sus facultades sobrecogían a todo el mundo, incluido su joven aprendiz, Archimonde.

Había rumores de que Archimonde deseaba el poder de Thal'kiel y su influencia, pero al eredar le parecía que era pura mentira, pues su aprendiz no le había demostrado sino devoción. Archimonde había llegado incluso a encargar una corona hecha a medida para Thal'kiel después de tomarle las medidas en persona.

SEGUNDA PARTE

Thal'kiel lideraba una orden de magi eredar llamados los heraldos, especialistas en las artes de la conjuración y la vinculación. Eran conocidos por sus ingeniosos ensamblajes Arcanos, pues exploraban nuevas fronteras en la invocación. Pero Thal'kiel no era de los que se dormían en los laureles. Ansiaba más. Su deseo de elevar su orden a niveles inimaginables lo llevó a aventurarse más allá de lo que ningún eredar había osado. Sus hechizos sondeaban la inmensidad de la Gran Oscuridad del Más Allá, buscando un pozo de poder más profundo.

Un día, recibió una respuesta.

TERCERA PARTE

Thal'kiel era brillante, pero poco juicioso. Una presencia oscura susurró al eredar y su mente se consumió con visiones de poder más allá de sus fantasías más peregrinas, de filas de mortíferos sirvientes ansiosos por obedecer sus caprichos. Los ensamblajes arcanos de Thal'kiel parecían cosa de niños ante aquellas fuerzas demoníacas. Luego despreciaría lo arcano y reservaría su pasión para la magia vil.

El misterioso benefactor de Thal'kiel le permitió invocar demonios inferiores y el eredar difundió el conocimiento entre sus heraldos. Diablillos y canes manáfagos, infernales y abisales: todos ejecutaban las órdenes de Thal'kiel y sus hechiceros. Convencido de estar ante el inicio de una nueva era, Thal'kiel se preparó febrilmente para presentar sus prodigiosas mascotas a los gobernantes de Argus, Velen y Kil'jaeden.

Brillante. Pero poco juicioso.

CUARTA PARTE

En presencia de Velen, Kil'jaeden y el círculo de allegados de los gobernantes, el hechicero Thal'kiel demostró lo que sus viles monadas podían hacer. Primero invocó un montón de sus conocidos ensamblajes arcanos y los dispuso en filas ordenadas. Luego el cielo se oscureció y las nubes se abrieron ante el estrépito de una tormenta de meteoritos. De los cráteres emergió un ejército de infernales, que Thal'kiel azuzó contra los ensamblajes. Era una exhibición simbólica de la nueva era que anticipaba para su pueblo. Observó en estado de éxtasis cómo los demonios aniquilaban a las desdichadas entidades arcanas, aplastándolas y abrasándolas hasta que solo quedaban brasas y humo. Tal era la furia de los demonios, que incluso las columnas y estatuas cercanas quedaron reducidas a escombros y cenizas. En lo que a Thal'kiel respectaba, era un sacrificio aceptable de cara al progreso.

Pero cuando miró las caras de sus colegas, no vio la aprobación que esperaba. La expresión de Kil'jaeden era distante, inescrutable, pero no había duda de lo que Velen pensaba: condenó las nuevas invocaciones de Thal'kiel y le ordenó no volver a conjurarlas nunca.

QUINTA PARTE

Esto forma parte del relato de los últimos días de Thal'kiel, escrito por un heraldo anónimo. Se recuperó del archivo privado de Archimonde.

"Tras la desastrosa demostración del maestro Thal'kiel, Velen le prohibió conjurar demonios, proclamando su 'nueva era' como un experimento fallido. Thal'kiel se retiró a sus aposentos durante semanas. No comía ni dormía. Sus únicos compañeros eran los esbirros demoníacos que invocaba y luego desterraba airado, o eso suponíamos: solo podíamos oír los chillidos de los diablillos al ser llevados de acá para allá entre este reino y El Vacío Abisal. También notamos la presencia de otras entidades más grandes junto a él, apariciones sombrías de funesta influencia, aunque sus sirvientes juraban que nadie había entrado en su sagrario.

Cuando Thal'kiel salió al fin, estaba cambiado. Había envejecido siglos, solo en la oscuridad con sus pensamientos y sus esclavos. Tenía la espalda torcida y encorvada, y un extraño brillo en los ojos. Invocó a sus heraldos y respondimos a la llamada, pues lo amábamos como a un padre.

Nos miró de uno en uno y tan solo dijo: 'Empieza la nueva era'".

SEXTA PARTE

Thal'kiel ordenó a sus heraldos seguir con sus experimentos en la invocación de criaturas viles. En secreto, él y sus hechiceros conjuraban demonios de aspecto cada vez más terrible y lanzaban poderosos hechizos para ocultar a sus esbirros en campos de entrenamiento encubiertos. Protegido de los ojos de Velen y Kil'jaeden, Thal'kiel amasó lentamente un gran ejército demoníaco con un propósito: imponerse como dictador de Argus.

Los heraldos se unieron en su apoyo a Thal'kiel, salvo uno: su aprendiz, Archimonde. Aunque no sentía aversión por los demonios -de hecho hasta le gustaban-, Archimonde se movía por ambición y deseaba demostrar su valía a Velen y Kil'jaeden. La noche antes de que los heraldos dieran el golpe, Archimonde reveló los planes de Thal'kiel a los gobernantes de los eredar.

"Pediréis su cabeza por esto", dijo Archimonde.

SÉPTIMA PARTE

Velen y Kil'jaeden se quedaron atónitos al saber de la traición de Thal'kiel. Había invocado legiones de bestias viles para crear su propio imperio y planeaba asesinar a los gobernantes eredar. Se había servido de una nueva y extraña fuente de poder de límites desconocidos y había que detenerlo rápidamente y sin piedad. Para demostrarles su lealtad a Velen y Kil'jaeden, Archimonde rompió los resguardos que escondían dónde se estaba congregando el ejército demoníaco de Thal'kiel y dirigió a un contingente de magi en el asalto a los campos de entrenamiento secretos.

La batalla no duró mucho. Desprevenidos, los heraldos fueron derrotados fácilmente por los magi invasores y, sin comandantes que los dirigieran, los demonios fueron masacrados. Archimonde se enfrentó a su maestro cuando este invocaba refuerzos. Con un solo mandoble de espada, decapitó a Thal'kiel.

OCTAVA PARTE

Del primer capítulo de Tratado Sobre Frenología Eredar:

"La ciencia de la frenología -el estudio de la forma del cráneo como medio para determinar la aptitud intelectual- se popularizó en Argus durante la época del Segundo Duunvirato. Sus defensores creían que las facultades mentales de un eredar, como la fuerza de voluntad, la memoria y la percepción, podían atribuirse a la forma y el tamaño de varias protuberancias en el cráneo de ese individuo. Algunos teorizaban que, si el cráneo de un eredar era lo bastante bien proporcionado para lanzar hechizos, podía utilizarse para canalizar energías mágicas incluso después de muerto. Esta práctica se consideró demasiado bárbara como para convertirla en algo de uso común, pero tampoco era algo inaudito.

Entre los frenólogos más eminentes de esa época se encontraban Thal'kiel y Archimonde. Thal'kiel era célebre por tener el cráneo arquetípico de los hechiceros y por ello se le admiraba extensamente".

NOVENA PARTE

Tras aplastar la rebelión de Thal'kiel, los magi de los gobernantes eredar quemaron los cadáveres de los heraldos para que su mancha vil no se propagara y destruyeron los escritos de los rebeldes para eliminar el conocimiento de sus malas artes. Archimonde lo supervisó todo y, en cuanto terminó, fue aclamado como un héroe.

Poco después, Archimonde encargó a uno de los mejores joyeros de Argus que dorara el cráneo de Thal'kiel. Afirmó que lo estaba preparando para exhibirlo, como una advertencia de no seguir su ejemplo. En realidad hizo que lo adornaran con metales que mejorarían su capacidad para canalizar energía mágica, la decoración perfecta para el cráneo del hechicero perfecto, que Archimonde expondría orgullosamente en su domicilio.

DÉCIMA PARTE

Archimonde acabó ascendiendo al liderazgo de los eredar junto a Velen y Kil'jaeden y, a decir de todos, era un gobernante sabio y sagaz. Pero en realidad una presencia demoníaca se había ido infiltrando lentamente en la mente de Archimonde, usando el cráneo de Thal'kiel como conducto para su perniciosa influencia. Mientras Archimonde dormía, tenía visiones de civilizaciones consumidas en un majestuoso fuego vil y de un dios oscuro al frente de un ejército glorioso. La entidad susurraba promesas de fuerza que para los meros mortales eran imposibles de comprender y Archimonde se empapó de ellas, ansioso por saber más acerca de este ser misterioso y sus legiones invencibles.

Así, cuando el titán oscuro, Sargeras, vino al fin a Argus y ofreció a los eredar un lugar en su reino, Archimonde fue el primero en aceptar.

UNDÉCIMA PARTE

Tras convertirse Archimonde en uno de los generales de la Legión Ardiente, le dio un buen uso al cráneo de Thal'kiel. En vida, Thal'kiel no había tenido rival a la hora de controlar esbirros demoníacos, y su cráneo no era menos hábil. Mundo tras mundo cayó ante Archimonde cuando este canalizaba sus órdenes a través del cráneo, obligando a multitudes de demonios a obedecer, con sus fuerzas arrasando a los oponentes con la gracia y la precisión de un ballet de experta coreografía.

Desde entonces, la posesión del cráneo de Thal'kiel se ha transmitido a un puñado de generales de élite de Sargeras, con preferencia por aquellos que dirigen invasiones de los mundos más deseados por el titán oscuro. El señor del terror Mephistroth, comandante de la vanguardia de la Legión en Azeroth, fue el último en ser visto con él.

El Cetro de Sargeras[editar | editar código]

Artículo principal:  [Cetro de Sargeras]

EL CETRO DE SARGERAS

Este bastón no estaba destinado a ser empuñado por manos mortales. Se forjó por orden de Sargeras tras su derrota en la Guerra de los Ancestros, pensado como medio para conquistar Azeroth de una vez por todas. Este cetro rasga la estructura de la realidad, eliminando las barreras entre mundos y destruyendo todo cuando se interpone entre tu objetivo y tú.

Si tienes suerte, es el único daño que hará.

PRIMERA PARTE

Durante la Guerra de los Ancestros, la reina elfa de la noche Azshara y sus hechiceros Altonato intentaron abrir un portal para que Sargeras accediera a Azeroth. Nadie había intentado construir un portal lo bastante fuerte para un titán. Los Altonato trabajaron sin descansar durante semanas, elaborando y urdiendo hechizos para idear una pasaje a través de la colosal fuente de poder de los elfos de la noche, el Pozo de la Eternidad.

Pero justo cuando Sargeras iba a emerger en el mundo, la resistencia elfa de la noche interrumpió el hechizo de los Altonato y demolió el Pozo de la Eternidad. Sargeras fue lanzado de vuelta a El Vacío Abisal; su ambición le fue denegada cuando la mejor de sus posibilidades de conquistar Azeroth se le escurría entre los dedos. El titán oscuro juró vengarse.

Derribaría los muros entre él y su recompensa.

SEGUNDA PARTE

Tras su promesa en el Pozo de la Eternidad, Sargeras planeó de inmediato su siguiente método para inflitrarse en Azeroth. Sabía que no podía depender de un portal estático; para serle útil a un titán, un portal así requería una cantidad de poder astronómica, y la fuente más prometedora había sido destruida en su último intento. Además, los laboriosos preparativos y hechizos de los Altonato habían delatado sus intenciones, lo que había permitido a la resistencia elfa de la noche frustrarlas. Si quería superar a los defensores de Azeroth, Sargeras necesitaba entrar en el mundo sin apenas avisar.

Así, ordenó a los eredar forjar una herramienta que abriera fallas entre mundos durante unos instantes, lo justo para permitir que pasara a través una parte de su alma. Si bien eso significaba que no podía entrar en Azeroth en su forma más devastadora, un instrumento así despejaría un camino para que su avatar dirigiera la invasión de la Legión o llevara a cabo planes más sutiles.

Un instrumento así también debilitaría la integridad del universo físico y amenazaría con su desmoronamiento, pero eso Sargeras lo consideraba únicamente un efecto secundario beneficioso.

TERCERA PARTE

Hace milenios, Sargeras ordenó a sus hechiceros eredar de mayor talento construirle un ariete cósmico. No lo decepcionaron.

Primero, una multitud de magi realizó rituales oscuros para canalizar innumerables portales en un solo bastón. Luego proyectaron el artefacto potenciado a cada rincón de la Gran Oscuridad del Más Allá, entretejiéndolo en la estructura de la realidad, creando un hilo del que se pudiera tirar para deshilachar las costuras del universo físico a voluntad. Para tirar adelante tan descomunal empresa, cien brujos sacrificaron cien demonios, seleccionándolos entre las tropas de la Legión que habían participado en la fallida invasión de Azeroth.

Así se forjó el cetro enjoyado de Sargeras. Así nació la perdición de Azeroth.

CUARTA PARTE

El Cetro de Sargeras es conocido por la reluciente joya que adorna su parte superior. Muchos teorizan que representa el ojo siniestro de Sargeras, que solo pudo atisbar Azeroth antes de que el titán caído fuera arrancado y devuelto a El Vacío Abisal. Pero la verdad es muy distinta.

Poco después de la Guerra de los Ancestros, Sargeras tuvo una visión del Pozo de la Eternidad: el pozo implosionaba de nuevo, pero esta vez lo arrastraba a él al corazón mismo de Azeroth. Allí estaba solo un instante, pero en ese momento veía la durmiente alma-mundo de Azeroth... y en aquel instante el alma-mundo abría un ojo y contemplaba al titán oscuro. Sargeras estaba embelesado.

Desde entonces, el ojo del alma-mundo de Azeroth no ha estado lejos de sus pensamientos. Ordenó a los eredar que forjaron el cetro que lo coronaran con ese único y prodigioso orbe. Junto a él, los eredar colocaron dos alas nathrezim, un testimonio de la concepción que Sargeras tenía del alma-mundo: corrupta, demoníaca y, lo más importante, suya.

QUINTA PARTE

El Cetro de Sargeras era una maravilla de hechicería arcana y vil, un instrumento apto para un titán. Podía lacerar el tejido conectivo del universo físico y abrir así portales a cualquier reino que Sargeras deseara, pero las fallas creadas solo permitirían que pasara una parte de su alma. Era un contratiempo menor. Sargeras simplemente tendría que ser más creativo con sus planes. Y así, esperó.

Milenios después, Sargeras vio su oportunidad. La guardiana Aegwynn se había convertido en la maga más poderosa de Azeroth y ni siquiera el Consejo de Tirisfal podía controlarla. Su orgullo hacía de ella una candidata ideal para la corrupción. Sargeras no podía infiltrarse en Azeroth en su forma más letal, pero tal vez pudiera usar a la díscola guardiana como recipiente de sus maquinaciones.

SEXTA PARTE

Del diario de Aegwynn, guardiana de Tirisfal:

"Acabábamos de poner en fuga a los esbirros de la Legión cuando el cielo se volvió negro. Se me secó la boca y se me erizó el vello de la nuca, respondiendo a estímulos que mis sentidos mortales no podían comprender. Era como la llegada de una tormenta monstruosa, justo antes de que los nubarrones desataran su arremetida cataclísmica. Pero el aire seguía tan quieto como los huesos del gran Galakrond. Algo iba mal, muy mal, y lo único que podíamos hacer era esperar.

No olvidaré nunca el sonido. Ese sonido resbaladizo, hueco, CRUJIENTE, como el de una maza al partir el cráneo de un gigante. Pero era mayor que eso, más fuerte, más largo. Me perforó como una flecha en el pecho, aunque sabía que la brecha había ocurrido a una cierta distancia. Los límites del mundo parecieron temblar y, por un instante, creí que iban a venirse abajo. Pero no fue así.

Fue cuando el avatar de Sargeras entró en el campo de batalla".

SÉPTIMA PARTE

En los baldíos helados de Rasganorte, Sargeras atrajo a la guardiana Aegwynn a la batalla, avanzando hacia su oponente mientras el portal que había abierto hacia Azeroth se cerraba tras él. Su avatar no era sino una pálida sombra de su forma auténtica, pero eso apenas importaba. Al fin y al cabo, si no podía derrotar a Aegwynn, podría usarla igualmente para sus propios fines. Solo tenía que debilitar sus defensas, crear una abertura para que un fragmento de su espíritu se le introdujera. Igual que se había infiltrado en Azeroth con el cetro, invadiría también el alma de Aegwynn, corrompiéndola para que fuera otro instrumento de la Legión.

Posteriormente, Aegwynn recordaría la batalla como la más brutal que jamás hubiera librado, pero finalmente destruyó el avatar de Sargeras con una avalancha de poderío arcano. Mientras se alzaba triunfante sobre su adversario abatido, apenas podía creer que hubiera ganado.

Poco imaginaba que había perdido.

OCTAVA PARTE

Del diario de Aegwynn, guardiana de Tirisfal:

"He vencido al avatar del gran enemigo, Sargeras, pero no puedo disfrutar de mi victoria. Tengo un vacío en el pecho, un dolor persistente de una herida cuyo origen desconozco. Debe de ser la tensión de la batalla.

Me desharé de lo que queda de la incursión del titán caído. Su avatar, aunque solo sea un fragmento de su forma plena, rivaliza con Galakrond en estatura y no puedo dejar que sus huesos se instalen junto a los del gigantesco protodragón. Quién sabe qué mancha vil espera ser liberada. Incluso muerto, su cadáver es malévolo; tiene sujeto su cetro maldito como si aún pretendiera gobernar.

El Cetro. Nadie debe empuñarlo. Es el instrumento que Sargeras usó para entrar en Azeroth, abriendo un tajo en el universo que amenazó con aniquilar nuestro mundo. El Ojo en la parte superior del bastón me mira burlón. Me aseguraré de que no vuelva a ver la luz del día".

NOVENA PARTE

Después de que Aegwynn derrotara al avatar de Sargeras, enterró su cadáver en las ruinas de Suramar, junto a los artefactos que llevaba. En las profundidades del mar, protegido por sellos altonato encantados, permaneció durante siglos el Cetro de Sargeras sin que disminuyera su poder.

Sargeras intentó recuperar el control del bastón a través de Aegwynn, pero resultó más difícil de lo que había calculado. Podía influir sobre la guardiana de muchas formas, pero no obligaría a exhumar el cetro de su tumba marina. Algo la contenía, un instinto primario más intenso que los susurros de Sargeras. Sabía que el artefacto era peligroso, que su uso podía suponer la destrucción de todas las cosas. Aun poseída por el titán oscuro, no cedía.

Sargeras comprendió que hacía falta más sutileza. Acabó extendiendo su influencia perniciosa al hijo de Aegwynn, Medivh, mientras este se desarrollaba en su seno. Sargeras planeaba recuperar su querido cetro a través de este nuevo recipiente.

De haberlo logrado, tal vez el mundo de Draenor no habría sido aniquilado.

DÉCIMA PARTE

Aparte del titán oscuro, el Cetro de Sargeras ha tenido pocos portadores. Uno de ellos fue el brujo orco Ner'zhul.

Tras la derrota de la Horda en la Segunda Guerra, Ner'zhul quiso dar un nuevo impulso a sus seguidores abriendo portales a nuevos mundos que conquistar. Para ello, envió a sus sirvientes a recuperar varios artefactos de la Tumba de Sargeras, incluido el cetro, que el titán caído había usado para infiltrarse en Azeroth siglos antes.

Pero Ner'zhul no era Sargeras, así que no podía ordenar sin más al bastón para que abriera portales. Tenía que esperar a que las constelaciones de Draenor estuvieran correctamente alineadas y solo podía usar el cetro junto con otros artefactos. El brujo se fue impacientando, frustrado por sus limitaciones. Obnubilado por la influencia de la calavera de Gul'dan, tuvo visiones de su antiguo aprendiz, quien lo urgía a dar rienda suelta a sus poderes divinos.

Cuando a Ner'zhul le llegó al fin el momento de actuar, lo hizo con un desenfreno brutal, totalmente ajeno a las consecuencias. Poco le importaba la destrucción de Draenor. De hecho, la aceptaba como parte de su legado. Abrió con el cetro un agujero tras otro en el tejido de la realidad, desgarrando las costuras que conectaban Draenor al resto del universo físico. Mientras se lanzaba de cabeza a través de uno de los portales, pudo oír cómo el mundo se hacía pedazos a sus espaldas.

UNDÉCIMAA PARTE

Tras la destrucción de Draenor, el señor demoníaco Kil'jaeden le arrebató el control del Cetro de Sargeras a Ner'zhul. Por fin el artefacto estaba otra vez en poder de la Legión y Kil'jaeden se propuso usarlo para invadir Azeroth.

Pero no era tan poderoso como Sargeras; no podía abrir un portal lo bastante potente como para que pasara siquiera su avatar. Así, conspiró con Kael'thas Caminante del Sol para crear un portal a través de la Fuente del Sol, la arruinada fuente de poder de los elfos de sangre. En combinación con la fuerza desgarradora de mundos del cetro, el portal de Kael'thas despejó el camino para la forma íntegra de Kil'jaeden.

Sin embargo, antes de que el señor demoníaco pudiera poner un pie en Azeroth, Anveena, la personificación de las energías de la Fuente del Sol, intervino: se sacrificó liberando toda su fuerza contra el Impostor, lo que permitió lanzarlo de vuelta a El Vacío Abisal junto con el Cetro de Sargeras.

Desde entonces no se ha vuelto a ver el bastón en Azeroth. Un pequeño consuelo, pues sin duda la Legión lo usará para volver a infiltrarse en el mundo. Pero, lo empuñe quien lo empuñe, la amenaza que representa es indescriptible. La destrucción de Draenor da fe de la devastación que incluso los mortales pueden causar con esta arma.

Nota del autor[editar | editar código]

La investigación no se detiene. Hay en estos textos nueva información por descubrir. Solo el tiempo nos impedirá conseguirla en su totalidad

Vuelve cuando se hayan completado nuevas investigaciones y seguiré ampliando los informes aquí registrados

- Mile Raitheborne, investigador jefe del Consejo de los Seis.

Véase también[editar | editar código]

Últimos cambios[editar | editar código]

Enlaces externos[editar | editar código]