La Alianza de Lordaeron

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Para la organización, véase Alianza de Lordaeron

La Alianza de Lordaeron es parte del Capítulo IV de la Historia de Warcraft aparecida en la página web de World of Warcraft y en manual de Warcraft II:Tides of Darkness.

Lord Lothar reunió los restos de los ejércitos de Azeroth después de su derrota en el Castillo de Ventormenta y se embargó en un éxodo masivo cruzando el mar hacia el reino norteño de Lordaeron. Convencidos de que la Horda derrotaría a toda la humanidad si no se la controlaba, los líderes de las siete naciones humanas se reunieron y aceptaron unirse en lo que se llamaría la Alianza de Lordaeron. Por primera vez en casi tres mil años, las distintas naciones de Arathor estaban unidas de nuevo bajo el mismo estandarte. Lord Lothar, nombrado comandante en jefe de las fuerzas de la Alianza, preparó a sus ejércitos para la llegada de la Horda.

Ayudado por sus tenientes, Uther el Iluminado, el almirante Daelin Valiente y Turalyon, Lothar también fue capaz de convencer a las razas no humanas de Lordaeron de la inminente amenaza. La Alianza consiguió el apoyo de los estoicos enanos de Forjaz y un pequeño número de elfos nobles de Quel'Thalas. Los elfos, liderados en aquel tiempo por Anasterian Caminante del Sol, no estaban muy interesados en el inminente conflicto. Sin embargo, el deber los obligaba a ayudar a Lothar, ya que él era el último descendiente del linaje Arathi, el cual en el pasado había ayudado a los elfos.

La Horda, liderada ahora por el Jefe de Guerra Martillo Maldito, trajo a los ogros de su hogar en Draenor y reclutó a los discriminados trols Amani de los bosques. Completando una gigantesca campaña para invadir el reino enano de Khaz Modan y las fronteras del sur de Lordaeron, la Horda diezmaba toda oposición sin esfuerzo.

Las batallas épicas de la Segunda Guerra fueron desde escaramuzas navales a gran escala a enormes combates aéreos. De alguna forma, la Horda había desenterrado un poderoso artefacto conocido como el Alma del Demonio y lo utilizaron para esclavizar a la Reina de los Dragones, Alextrasza. Amenazándola con destruir sus preciosos huevos, la Horda la obligó a enviar a sus hijos adultos a la guerra. Los nobles dragones rojos se vieron obligados a luchar por la Horda, y eso hicieron.

La guerra rugió a lo largo de los continentes de Khaz Modan, Lordaeron y el propio Azeroth. Como parte de su campaña norte, la Horda tuvo éxito al quemar las fronteras de Quel'Thalas, pero a la vez lograron que los elfos se comprometieran del todo con la causa de la Alianza. Las grandes ciudades y poblaciones de Lordaeron fueron arrasadas y devastadas por el conflicto. A pesar de la ausencia de refuerzos y de tenerlo todo en contra, Lothar y sus aliados lograron mantener a raya a sus enemigos.

Sin embargo, durante los últimos días de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda sobre la Alianza parecía casi segura, hubo una terrible disputa entre los dos orcos más poderosos en Azeroth. Mientras Martillo Maldito preparaba su asalto final contra la capital de Lordaeron, un asalto que aplastaría a los últimos restos de la Alianza, Gul'dan y sus seguidores abandonaron sus puestos y se hicieron a la mar. El perplejo Martillo Maldito, habiendo perdido casi la mitad de sus fuerzas por la traición de Gul'dan, se vio obligado a retroceder y dejar pasar su gran oportunidad de vencer a la Alianza.

Gul'dan, sediento de poder y obsesionado con obtener la divinidad, se embargó en una búsqueda desesperada para encontrar la Tumba de Sargeras, ya que creía que allí se ocultaban los secretos del poder definitivo. Habiendo ya condenado a sus camaradas orcos a ser los esclavos de la Legión Ardiente, Gul'dan no tuvo ningún remordimiento por su supuesto deber hacia Martillo Maldito. Ayudado por los clanes Cazatormentas y Martillo Crepuscular, consiguió sacar la Tumba de Sargeras del fondo marino. Sin embargo, cuando abrió la antigua e inundada cripta, descubrió que solo le estaban esperando demonios enloquecidos.

Buscando castigar a los orcos desertores por sus costosa traición, Martillo Maldito envió a sus fuerzas a matar a Gul'dan y traer de vuelta al redil a los renegados. Por su imprudencia, Gul'dan fue destrozado por los demonios enloquecidos que había liberado. Con su líder muerto, los clanes renegados cayeron pronto ante las enfurecidas legiones de Martillo Maldito. Aunque la rebelión había sido reprimida, la Horda fue incapaz de recuperarse de las terribles pérdidas que había sufrido. La traición de Gul'dan no solo le había llevado esperanza a la Alianza, sino también tiempo para reagruparse y tomar represalias.

Lord Lothar, viendo que la Horda se resquebrajaba, reunió a sus últimas fuerzas y empujó a Martillo Maldito hacia el sur, de vuelta a las destrozadas tierras de Ventormenta. Allí, las fuerzas de la Alianza atraparon a la Horda, que se estaba retirando, dentro de la fortaleza volcánica de la Cumbre de Roca Negra. Aunque Lord Lothar cayó en la batalla en la base de la montaña, su teniente, Turalyon, reunió a las fuerzas de la Alianza en la hora undécima y empujó a la Horda de vuelta al abismal Pantano de las Penas. Las fuerzas de Turalyon tuvieron éxito al destruir el Portal Oscuro, el portal místico que unía a los orcos con su mundo natal de Draenor. Sin posibilidad de recibir refuerzos y fracturada por las luchas internas, la Horda finalmente se colapsó sobre sí misma y cayó ante el poder de la Alianza.

Los clanes orcos dispersos fueron rápidamente apresados y colocados en el interior de campos de internamiento vigilados. Aunque parecía que la Horda había sido derrotada del todo, algunos se mostraban escépticos ante la idea de una paz duradera. Khadgar, ahora un archimago de cierto renombre, convenció al Alto Mando de la Alianza para construir la fortaleza de Nethergarde y vigilar así las ruinas del Portal Oscuro y asegurarse de que no habría más invasiones desde Draenor.

World of Warcraft[editar | editar código]

En WoW Icon 16x16.gif puede encontrarse en la Sala de los Exploradores de [[Forjaz], la fortaleza de Ventormenta, la Destilería Cebatruenos, ayuntamiento de Villa Oscura, Molino Tarren y en el segundo piso de la taberna de Lunargenta.Es uno de los requisitos del logro Inv misc book 04.png [Erudito].

La Alianza de Lordaeron

Lothar reunió los restos de los ejércitos de Azeroth tras su derrota en el Castillo de Ventormenta y luego puso en marcha un éxodo masivo por mar hacia el norteño reino de Lordaeron. Convencido de que si no se controlaba a la Horda, derrotaría a toda la humanidad, los líderes de las siete naciones humanas se reunieron y acordaron unir esfuerzos en lo que se conocería como la Alianza de Lordaeron.

Por primera vez en prácticamente tres mil años, las naciones separadas de Arathor estaban unidas una vez más bajo un estandarte común. Nombrado Comandante Mayor de las Fuerzas Aliadas, Lord Lothar preparó a sus ejércitos para hacer frente a la llegada de la Horda.

Ayudado por sus lugartenientes, Uther el Luminoso, el almirante Daelin Valiente y Turalyon, Lothar fue capaz de convencer a las razas semihumanas de Lordaeron de la inminente amenaza. La Alianza obtuvo el apoyo de los estoicos enanos de Forjaz y de un pequeño número de elfos nobles de Quel'Thalas.

Los elfos, dirigidos en aquel tiempo por Anasterian Caminante del Sol, no estaban interesados en modo alguno en el conflicto que se aproximaba. Sin embargo, estaban dispuestos a ayudar a Lothar, ya que se trataba del último descendiente de la línea de sangre arathi, que había ayudado a los elfos en el pasado.

La Horda, ahora dirigida por el Jefe de Guerra Martillo Maldito, trajo ogros procedentes de su hogar de Draenor y reclutó trols procedentes del bosque de Amani. Comprometidos en una campaña masiva para borrar el reino enano de Khaz Modan y los límites sureños de Lordaeron, la Horda diezmó casi sin esfuerzo cualquier clase de oposición.

Las épicas batallas de la Segunda Guerra incluyeron desde escaramuzas navales a gran escala hasta ataques aéreos masivos. De alguna manera, la Horda logró desenterrar un poderoso artefacto conocido como Alma demoníaca y lo utilizó para esclavizar a Alexstrasza, antigua reina de los dragones. Amenazando destruir sus preciosos huevos, la Horda obligó a Alexstrasza a enviar a sus hijos mayores a la guerra. Los nobles dragones rojos fueron obligados a luchar para la Horda y eso es lo que hicieron.

La guerra rugió a través de los continentes de Khaz Modan, Lordaeron y el propio Azeroth. Como parte de su campaña en el norte, la Horda consiguió incendiar las tierras fronterizas de Quel'Thalas y, de esta manera, se aseguraron el compromiso final de los elfos con la causa de la Alianza. Las ciudades y los pueblos más grandes de Lordaeron quedaron destruidos y devastados por el conflicto. A pesar de la ausencia de refuerzos y de que todas las probabilidades estaban en contra, Lothar y sus aliados lograron mantener a sus enemigos a raya.

Sin embargo, durante los días finales de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda parecía casi garantizada, una terrible contienda surgió entre los dos orcos más poderosos de Azeroth. Cuando Martillo Maldito preparaba su asalto final a la ciudad capital de Lordaeron, un asalto que habría de destruir las últimas reservas de la Alianza, Gul'dan y sus seguidores abandonaron sus puestos y marcharon hacia el mar.

El perplejo Martillo Maldito, habiendo perdido prácticamente la mitad de sus fuerzas a causa de la traición de Gul'dan, se vio obligado a retroceder y a olvidar la posibilidad de obtener la mayor victoria contra la Alianza.

Gul'dan, hambriento de poder y obsesionado con convertirse en un dios, se lanzó a una carrera desesperada para llegar hasta la tumba sumergida de Sargeras, que creía guardaba los secretos de un gran poder. Habiendo condenado a sus compañeros orcos a convertirse en esclavos de la Legión Ardiente, Gul'dan consideraba que no le debía nada a Martillo Maldito.

Con el apoyo de los clanes Cazatormentas y Martillo Crepuscular, Gul'dan logró extraer la tumba de Sargeras del lecho marino. Sin embargo, cuando abrió la antigua e inundada bóveda, solo halló demonios enloquecidos que lo aguardaban.

Con la intención de castigar a los díscolos orcos por su costosa traición, Martillo Maldito envió sus fuerzas para acabar con Gul'dan y traer a los renegados de vuelta al redil. Por su imprudencia, Gul'dan fue destrozado por los demonios enloquecidos que había liberado. Con su líder muerto, los clanes renegados cayeron rápidamente ante las enfurecidas legiones de Martillo Maldito.

Aunque la rebelión había sido aplastada, la Horda fue incapaz de recuperarse de las terribles pérdidas que había sufrido. La traición de Gul'dan había permitido que la Alianza no solo renovara sus esperanzas, sino que le había concedido tiempo para reagruparse y contraatacar.

Lothar, viendo que la Horda estaba fracturada desde dentro, reunió al resto de sus fuerzas y empujó a Martillo Maldito hacia el sur, obligándole a internarse en el destruido corazón de Ventormenta. Allí, las fuerzas de la Alianza atraparon a la Horda en retirada, dentro de la fortaleza volcánica Cumbre de Roca Negra. Aunque Lord Lothar cayó en la batalla en la base de la cumbre, su lugarteniente Turalyon volvió a reunir a las fuerzas de la Alianza en la hora undécima y empujó nuevamente a la Horda hacia el abismo del Pantano de las Penas.

Las fuerzas de Turalyon lograron destruir el Portal Oscuro, la puerta mística que conectaba a los orcos con su hogar de Draenor. Sin posibilidades de obtener refuerzos y fracturada por las luchas internas, la Horda finalmente se derrumbó y terminó sucumbiendo al poder de la Alianza.

Los dispersos clanes orcos fueron rápidamente rodeados y conducidos a campos de internamiento vigilados. Aunque parecía que la Horda había sido derrotada para bien, algunos fueron muy escépticos acerca de la posibilidad de la paz. Khadgar, convertido en archimago de cierto renombre, persuadió al alto mando de la Alianza para que construyera la Fortaleza de Nethergarde, que vigilaría las ruinas del Portal Oscuro y garantizaría que no se produjeran futuras invasiones procedentes de Draenor.

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