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La fundación de Quel'Thalas

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La fundación de Quel´thalas es parte del Capítulo II de la Historia de Warcraft.

En WoW Icon 16x16.gif aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.

6.800 años antes de Warcraft I

Los elfos nobles, liderados por Dath'Remar, dejaron atrás Kalimdor y desafiaron las tormentas de la Vorágine. Sus flotas vagaron por los escombros del mundo durante muchos y largos años, y a lo largo de su viaje descubrieron misterios y reinos perdidos. Dath'Remar, que había adoptado el nombre de Caminante del Sol (o "el que camina de día"), buscaba lugares de considerable poder sobre los que construir un nuevo hogar para su pueblo.

Finalmente, su flota llegó a las playas del reino que los hombres llamarían más tarde Lordaeron. Viajando hacia el interior, los elfos nobles fundaron un asentamiento en los tranquilos Claros de Tirisfal. Pero tras unos años, muchos de ellos comenzaron a enloquecer. Había teorías que decían que algo malvado dormía bajo esa parte del mundo en particular, pero nunca se pudo demostrar si esto era cierto. Los elfos nobles recogieron su campamento y avanzaron hacia el norte, a otra tierra rica en energías ley.

A medida que cruzaban las escarpadas y montañosas tierras de Lordaeron, su viaje se volvía más peligroso. Dado que estaban aislados de las energías vitales del Pozo de la Eternidad, muchos de ellos enfermaron por culpa del clima helado o murieron de hambre. Pero sin embargo, el cambio más desconcertante fue el hecho de que ya no eran inmortales o inmunes a los elementos. Su estatura también se redujo, y su piel perdió su característico tono violáceo. A pesar de las adversidades, se encontraron con muchas criaturas maravillosas que nunca habían visto en Kalimdor. También encontraron tribus de humanos primitivos que cazaban en las antiguas tierras boscosas. Sin embargo, la mayor amenaza con la que se toparon fueron los voraces y astutos trols de los bosques de Zul'Aman.

Estos trols del color del musgo podían regenerar miembros perdidos y curar terribles heridas físicas, pero demostraron ser una raza bárbara y malvada. El imperio Amani se extendía por la mayor parte del norte de Lordaeron, y los trols lucharon duro para mantener a los extranjeros no deseados fuera de sus fronteras. Los elfos desarrollaron un profundo desprecio hacia los malvados trols, y los mataban en cuanto los veían, allá donde se los encontrasen.

Después de muchos años, los elfos nobles finalmente encontraron una tierra que les recordaba a Kalimdor. En las profundidades de los bosques del norte del continente fundaron el reino de Quel'Thalas y juraron crear un imperio tan poderoso que dejaría enano al de sus primos Kaldorei. Por desgracia, pronto descubrieron que Quel'Thalas se había fundado sobre una antigua ciudad trol y éstos todavía la consideraban sagrada. Casi de inmediato, los trols comenzaron a atacar los asentamientos élficos en masa.

Los tercos elfos, reacios a entregar su nueva tierra, utilizaron la magia que habían obtenido del Pozo de la Eternidad para mantener a los salvajes trols a raya. Bajo el liderazgo de Dath'Remar, fueron capaces de derrotar a las partidas de guerra Amani que les superaban en número diez a uno. Algunos elfos, conscientes de las antiguas advertencias de los Kaldorei, pensaban que su uso de la magia podría atraer la atención de la exiliada Legión Ardiente. Por lo tanto, decidieron ocultar sus tierras con una barrera protectora que les permitiese seguir trabajando en sus encantamientos. Construyeron una serie de monolíticas piedra rúnica en varios puntos alrededor de Quel'Thalas, que marcaban los límites de la barrera mágica. Estas piedras no solo ocultaban la magia élfica de las amenazas extradimensionales, también ayudaban a asustar a las supersticiosas partidas de guerra trol.

A medida que pasaba el tiempo, Quel'Thalas se iba convirtiendo en un brillante monumento a los esfuerzos de los elfos nobles y su pericia con la magia. Sus bellos palacios se construían con el mismo estilo arquitectónico de los antiguos salones de Kalimdor, pero también estaban unidos a la topografía natural de la tierra. Quel'Thalas se había convertido en la brillante joya que los elfos habían querido crear. Para gobernar Quel'Thalas se fundó la Asamblea de Lunargenta, aunque la dinastía Caminante del Sol mantuvo un pequeño poder político. Formada por siete de los mayores señores elfos nobles, la Asamblea trabajaba para asegurar la seguridad de las tierras y el pueblo élfico. Rodeados por su barrera protectora, los elfos nobles siguieron ignorando las antiguas advertencias de los Kaldorei y continuaron utilizando la magia de forma flagrante en casi todos los aspectos de sus vidas.

Durante casi cuatro mil años, vivieron en paz y aislados en la seguridad de su reino. No obstante, los vengativos trols no eran fáciles de derrotar. En las profundidades de los bosques planeaban y se preparaban, esperando mientras sus partidas de guerra crecían. Finalmente, un gran ejército trol emergió de los sombríos bosques y una vez más asediaron las brillantes torres de Quel'Thalas.


World of Warcraft[editar | editar código]

En WoW Icon 16x16.gif puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en la página oficial de World of Warcraft. Dicho libro puede encontrarse Auberdine, la taberna de Villa Oscura o en Scholomance. Cuenta para el logro Inv misc book 04.png [Erudito].


La fundación de Quel'Thalas

Los elfos nobles, dirigidos por Dath'Remar, abandonaron Kalimdor y desafiaron las tormentas de la Vorágine. Sus flotas recorrieron las ruinas del mundo durante muchos años, descubriendo a su paso nuevos misterios y reinos perdidos. Dath'Remar, que había adoptado el nombre de Caminante del Sol (o "el que camina de día"), buscó lugares que resultaran aptos para construir en ellos un nuevo hogar para su gente.

Su flota finalmente desembarcó en las playas del reino cuyos habitantes denominaron Lordaeron. Tomando posiciones en tierra, los elfos nobles fundaron su sede en los tranquilos Claros de Tirisfal. Transcurridos unos años, muchos de ellos empezaron a enloquecer. Existía la teoría de que bajo aquellas tierras se ocultaba una fuerza maligna, pero estos rumores nunca se confirmaron. Los elfos nobles llevaron su campamento a otra parte y se dirigieron al norte en dirección a otras tierras ricas en energías naturales.

Durante el trayecto de los elfos nobles por las escarpadas montañas de Lordaeron, el viaje se hizo cada vez más peligroso. Puesto que fueron totalmente privados de las energías vivificadoras del Pozo de la Eternidad, muchos de ellos enfermaron a causa del gélido clima o murieron de hambre. Sin embargo, el hecho más desconcertante era que ya no eran inmortales ni inmunes a los elementos.

También encogieron de tamaño y su piel perdió la tonalidad violeta que los caracterizaba. A pesar de las penurias, conocieron maravillosas criaturas jamás vistas en Kalimdor. Asimismo, encontraron tribus de humanos primitivos que cazaban en los antiguos bosques. No obstante, la mayor amenaza que los acechaba la constituían los voraces y maliciosos trols del bosque de Zul’Aman.

Estos trols con la piel recubierta de musgo tenía el poder de regenerar sus miembros mutilados y curar graves heridas físicas, pero conformaban, sin duda, una raza bárbara y maligna. El Imperio Amani se extendió por la mayor parte del territorio del norte de Lordaeron y sus trols lucharon incansablemente para mantener a los forasteros alejados de sus tierras. Los elfos desarrollaron una profunda aversión contra los despiadados trols y los mataban siempre que podían.

Transcurridos muchos años, los elfos nobles finalmente encontraron una tierra que les recordaba a Kalimdor. En el interior del bosque que había al norte del continente, fundaron el reino de Quel’Thalas y prometieron crear un vasto imperio que eclipsaría al de sus primos kaldorei. Desafortunadamente, pronto descubrieron que Quel’Thalas había sido fundada sobre una antigua ciudad trol que esta raza aún consideraba sagrada. Casi de inmediato, los trols empezaron a atacar en masa los asentamientos de los elfos.

Los tozudos elfos, que no estaban dispuestos a ceder su nuevo territorio, utilizaron la magia que habían obtenido del Pozo de la Eternidad y mantuvieron a raya a los salvajes trols. Liderados por Dath'Remar, pudieron derrotar a las bandas de guerra Amani, que eran diez veces más numerosas. Algunos elfos, que recordaban las antiguas advertencias de los kaldorei, temían que el uso de la magia pudiera atraer la atención de la desterrada Legión Ardiente.

Por ello, decidieron proteger sus tierras con una barrera que les permitiera seguir desarrollando sus encantamientos. Construyeron una serie de runas monolíticas en varios puntos de los alrededores de Quel’Thalas, marcando las fronteras de la barrera mágica. Las runas no solo encubrían la magia de los elfos ante amenazas extradimensionales, sino que también les ayudaban a ahuyentar a las supersticiosas bandas trol.

Transcurrido cierto tiempo, Quel'Thalas se convirtió en un bello monumento a los esfuerzos de los elfos nobles y a sus hazañas mágicas. Sus hermosos palacios fueron construidos siguiendo el mismo estilo arquitectónico que el de las antiguas salas de Kalimdor, si bien se entremezclaban con la topografía natural de la tierra. Quel'Thalas se había convertido en una joya que los elfos siempre habían deseado crear.

A continuación, se fundó la Asamblea de Lunargenta para gobernar Quel’Thalas, si bien la dinastía de los Caminante del Sol conservaba cierto poder político. Compuesto por siete elfos nobles mayores, la Asamblea se encargó de velar por la seguridad de la tierra de los elfos y de sus gentes. Rodeados por su barrera protectora, los elfos nobles hicieron caso omiso a las advertencias de los kaldorei y continuaron usando la magia con total libertad en todos los aspectos de sus vidas.

Durante unos cuatro mil años, los elfos nobles vivieron pacíficamente en su reino aislado y protegido. No obstante, los vengativos trols no se conformaban fácilmente con su derrota. Planearon su venganza en las profundidades de los bosques y esperaron a que sus tropas crecieran. Finalmente, un poderoso ejército de trols partió de los oscuros bosques y, nuevamente, sitiaron las relucientes cumbres de Quel’Thalas.

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