La guerra de los Ancestros

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La guerra de los Ancestros es parte del Capítulo I de la Historia de Warcraft aparecida en la página web de World of Warcraft. Se trata a su vez de una revisión de la historia recogida en el manual de Warcraft III: Reign of Chaos adaptando los nombres de las razas a como se llaman en la actualidad.

En WoW Icon 16x16.gif aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.

El uso imprudente de la magia por parte de los nobles provocó ondas de energía que surgían en espiral del Pozo de la Eternidad y de la infinita Oscuridad del Más Allá. Las ondas de energía salían del Averno Astral y las terribles mentes alienígenas, las sintieron. Sargeras, el Gran Enemigo de toda la vida, el Saqueador de los Mundos, sintió las potentes ondas y fue llevado al distante punto de origen. Un hambre insaciable consumía a Sargeras mientras espiaba el mundo primigenio de Azeroth y sentía las energías sin límite del Pozo de la Eternidad. El gran dios oscuro del Vacío innombrable decidió destruir el recién nacido mundo y reclamó las energías como suyas.

Sargeras reunió a su inmenso ejército demoníaco, conocido como la Legión de Fuego, y comenzó su camino hacia el desprevenido mundo de Azeroth. La Legión, compuesta por un millón de demonios vociferantes procedentes de los distantes confines del universo, luchaba y quemaba en el nombre de la conquista. Los tenientes de Sargeras, Archimonde el Corruptor y Mannoroth el Destructor, prepararon a sus infernales subalternos para el ataque.

La reina Azshara, abrumada por el terrible éxtasis de su magia, fue víctima del innegable poder de Sargeras y accedió a concederle la entrada a su mundo. Incluso sus nobles se dejaron llevar por la inevitable corrupción de la magia y empezaron a adorar a Sargeras como a su dios. Para demostrar su lealtad a la Legión, los nobles ayudaron a su reina a abrir un gran portal en espiral en las profundidades del Pozo de la Eternidad.

Cuando todos los preliminares se hubieron terminado, Sargeras comenzó su catastrófica Invasión de Azeroth. Los guerreros-demonios de la Legión de Fuego irrumpieron en el mundo a través del Pozo de la Eternidad y sitiaron las ciudades dormidas de los elfos nocturnos. Liderada por Archimonde y Mannoroth, la Legión cayó sobre las tierras de Kalimdor y dejó a su paso cenizas y desolación. Los brujos demoníacos llamaron a los virulentos infernales que se precipitaron, como meteoritos del infierno, contra las gráciles torres de los templos de Kalimdor. Los guardias del Apocalipsis, una banda de asesinos ávidos de sangre, marcharon sobre los campos de Kalimdor masacrando a todo aquel que se interponía en su camino. Incluso las manadas de salvajes y demoníacos felhounds saquearon la campiña sin encontrar resistencia. Aunque los valientes guerreros Kaldorei se apresuraron a defender su tierra, se vieron forzados a retroceder paso a paso ante la furia del ataque de la Legión.

World of Warcraft[editar | editar código]

En WoW Icon 16x16.gif puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en la página oficial de World of Warcraft. Dicho libro puede encontrarse en el Ateneo del Monasterio Escarlata, en la segunda planta de una casa en el Bancal del Artesano de Darnassus y en la posada del barrio del Parque en Ventormenta. Cuenta para el logro Inv misc book 04.png [Erudito].


La guerra de los Ancestros

El uso temerario de la magia de los Altonato envió ondas energéticas desde el Pozo de la Eternidad hasta la Gran Oscuridad en el más allá. Las ondas expansivas de energía fueron percibidas por terribles mentes de otros mundos. Sargeras, el Gran Enemigo de la vida y Destructor de los Mundos, percibió las poderosas ondas y se sintió atraído por su distante punto de origen.

Al descubrir el mundo primigenio de Azeroth y las energías ilimitadas del Pozo de la Eternidad, Sargeras experimentó un apetito insaciable. El gran dios oscuro del Vacío sin nombre decidió destruir el mundo en ciernes y reclamar las energías como suyas.

Sargeras reunió a su vasta Legión Ardiente y se dirigió hacia el desprevenido mundo de Azeroth. La Legión estaba formada por un millón de demonios que vociferaban, todos procedentes de los reinos más apartados del universo, ávidos de conquista. Los tenientes de Sargeras, Archimonde el Rapiñador y Mannoroth el Destructor, prepararon a sus esbirros infernales para el ataque.

La reina Azshara, inmersa en el terrible éxtasis de la magia, fue víctima del innegable poder de Sargeras y accedió a concederle la entrada en su mundo. Incluso sus siervos Altonato se rindieron ante la inevitable corrupción de la magia y veneraron a Sargeras como a un dios. Para demostrar su lealtad a la Legión, los Altonato ayudaron a su reina a abrir un enorme portal en las profundidades del Pozo de la Eternidad.

Una vez realizados todo los preparativos necesarios, Sargeras inició la devastadora invasión de Azeroth. Los demonios guerreros de la Legión Ardiente invadieron el planeta a través del Pozo de la Eternidad y sitiaron las ciudades dormidas de los elfos de la noche. Dirigidos por Archimonde y Mannoroth, la Legión irrumpió sobre las tierras de Kalimdor, dejando a su paso cenizas y dolor.

Los demonios brujos invocaron malignos infernales que cayeron como mortíferos meteoros sobre las cimas de los templos de Kalimdor. Una banda de matones sanguinarios conocidos como Guardias apocalípticos arrasaron los campos de Kalimdor, asesinando a todo el que se cruzaba en su camino. Manadas de canes manáfagos saquearon el campo sin encontrar resistencia. No obstante, los valientes guerreros kaldorei defendieron su antigua tierra natal, pero poco a poco se vieron obligados a ceder terreno ante el ataque furibundo de la Legión.

Malfurion Tempestira decidió buscar ayuda para su gente asediada. Tempestira, cuyo propio hermano Illidan practicaba la magia de los Altonato, estaba indignado por la creciente corrupción entre estos nobles. Convenciendo a Illidan de que abandonara su peligrosa obsesión, Malfurion buscó a Cenarius y reunió fuerzas para iniciar la resistencia.

La bella y joven sacerdotisa Tyrande accedió a acompañar a los hermanos en nombre de Elune. Aunque Malfurion e Illidan amaban por igual a la idealista sacerdotisa, el corazón de Tyrande pertenecía solo a Malfurion. Illidan sentía celos por el romance de su hermano con Tyrande, pero sabía que su mal de amores no era nada comparado con el dolor que le causaba la adicción a las artes de la magia.

Illidan, que sentía una creciente dependencia de las poderosas energías de la magia, luchó para controlar su abrumador deseo de volver a vaciar las energías del Pozo. No obstante, con el paciente apoyo de Tyrande, pudo dominarse y ayudó a su hermano a encontrar al solitario semidiós Cenarius.

Cenarius, que habitaba en los Claros de Luna sagrados del distante del Monte Hyjal, accedió a ayudar a los elfos de la noche, encontrando a los antiguos dragones y enviándolos en su ayuda. Los dragones, dirigidos por la colosal Alexstrasza, ordenaron a sus poderosos Vuelos enfrentarse a los demonios y a sus infernales maestros.

Cenarius, invocando a los espíritus de los bosques encantados, armó un ejército de antiguos hombres árbol y los condujeron hacia el combate contra la Legión en un temerario asalto terrestre. Cuando los aliados de los elfos de la noche se reunieron en el templo de Azshara y en el Pozo de la Eternidad, se desató la guerra total. A pesar de la fortaleza de sus nuevos aliados, Malfurion y sus compañeros se dieron cuenta de que la Legión no podía ser derrotada solo mediante el poder militar.

Cuando la titánica batalla tuvo lugar en torno a la capital de Azshara, la reina ya estaba esperando la llegada de Sargeras. El señor de la Legión estaba preparándose para atravesar el Pozo de la Eternidad e irrumpió en aquel planeta en guerra. Cuando su sombra inconmensurable se acercó a la superficie del Pozo, Azshara reunió a sus más poderosos seguidores Altonato. La unión de sus poderes mágicos en un solo hechizo fue el único medio capaz de crear una entrada lo suficientemente grande para permitir la entrada a Sargeras.

Cuando la batalla asolaba los campos en llamas de Kalimdor, se produjo un hecho insólito. Los detalles se han perdido en el tiempo, pero se sabe que Neltharion, el Dragón Aspecto de la Tierra, enloqueció en un combate feroz contra la Legión Ardiente. Empezó a desmoronarse al tiempo que las llamas y la ira brotaban de su oscuro pelaje. Adoptando el nombre de Alamuerte, el dragón ardiente se volvió en contra de sus hermanos y retiró a las cinco bandadas de dragones del campo de batalla.

La repentina traición de Alamuerte fue tan destructiva, que las cinco bandadas de dragones jamás se recuperaron. Herida y conmocionada, Alexstrasza y otros nobles dragones se vieron obligados a abandonar a sus mortales aliados. Malfurion y sus compañeros, ahora terriblemente diezmados, apenas sobrevivieron a la matanza que sobrevino a continuación.

Malfurion, convencido de que el Pozo de la Eternidad era el cordón umbilical de los demonios con el mundo físico, insistió en que debía ser destruido. Sus compañeros, que sabían que el Pozo era la fuente de su inmortalidad y sus poderes, estaban horrorizados ante tal perspectiva. No obstante, Tyrande comprendió la sabia teoría de Malfurion y convenció a Cenarius y a sus compañeros a que atacaran el templo de Azshara y encontraran la manera de cerrar el Pozo por el bien de todos.

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