La guerra de los Tres Martillos

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Para detalles sobre el conflicto véase Guerra de los Tres Martillos


La Guerra de los Tres Martillos es parte del Capítulo II de la Historia de Warcraft.

En WoW Icon 16x16.gif aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.

230 años antes de Warcraft I

Los enanos de la montaña de Forjaz vivieron en paz durante largos siglos. Sin embargo, su sociedad creció demasiado para el tamaño de sus ciudades montañosas. Aunque el poderoso rey supremo, Modimus Yunquemar gobernaba a todos los enanos con justicia y sabiduría, en la sociedad enana aparecieron tres poderosas facciones.

El clan Barbabronce, gobernado por el thane Madoran Barbabronce, tenía estrechos lazos con el rey y eran defensores tradicionales de la montaña Forjaz. El clan Martillo Salvaje, liderado por el thane Khardros Martillo Salvaje, vivía en los pies de las colinas y riscos en la base de la montaña, y querían ganar más control en la ciudad. La tercera facción, el clan Hierro Negro, estaba gobernado por el thane-hechicero Thaurissan. Los Hierro Negro se ocultaron en las sombras más profundas bajo la montaña y conspiraron contra sus primos Barbabronce y Martillo Salvaje.

Durante un tiempo las tres facciones mantuvieron una paz tensa, pero las tensiones se hicieron visibles cuando el rey Yunquemar murió de viejo. Los tres clanes gobernantes fueron a la guerra por el control de la propia Forjaz. La guerra civil enana rugió bajo tierra durante muchos años. Finalmente, los Barbabronce, que tenían el mayor ejército activo, expulsaron a los Hierro Negro y los Martillo Salvaje de la montaña.

Khardros y sus guerreros viajaron al norte, cruzando la barrera de las puertas de Dun Algaz y fundaron su propio reino en el lejano pico de Grim Batol. Allí, los Martillo Salvaje prosperaron y reconstruyeron sus tesoros. Thaurissan y sus Hierro Negro no se lo tomaron tan bien. Humillados y enfurecidos por la derrota, juraron vengarse de Forjaz. Thaurissan llevó a su pueblo muy al sur y fundó una ciudad (a la que puso su propio nombre) en las hermosas Montañas Crestagrana. La prosperidad y el paso de los años hizo poco por calmar el rencor de los Hierro Negro contra sus primos. Thaurissan y su esposa hechicera, Modgud, lanzaron un asalto a dos bandas, contra Forjaz y Grim Batol. Los Hierro Negro querían reclamar todo Khaz Modan como suyo.

Los ejércitos de los Hierro Negro chocaron contra las fortalezas de sus primos y estuvieron a punto de tomar ambos reinos. Sin embargo, al final Madoran Barbabronce obtuvo una victoria decisiva sobre el ejército de hechiceros de Thaurissan. Éste y sus sirvientes tuvieron que retirarse a la seguridad de su ciudad, ignorando lo que estaba sucediendo en Grim Batol, donde el ejército de Modgud no lo estaba haciendo mejor contra Khardros y sus guerreros Martillo Salvaje.

Modgud usaba sus poderes para enfrentarse a los guerreros enemigos, llenando de miedo sus corazones. Las sombras obedecían sus órdenes y cosas oscuras surgían de las profundidades de la tierra para acechar a los Martillo Salvaje en sus propios salones. Y finalmente, Modgud se abrió paso por las puertas y asedió la propia fortaleza. Los Martillo Salvaje lucharon desesperadamente y el propio Khardros cruzó las líneas enemigas para matar a la reina hechicera. Con su reina perdida, los Hierro Negro huyeron ante la furia de los Martillo Salvaje. Corrieron hacia el sur, hacia la fortaleza de su rey, solo para encontrarse a los ejércitos de Forjaz, que habían venido en ayuda de Grim Batol. Aplastadas entre dos ejércitos, las fuerzas de los Hierro Negro restantes fueron totalmente destruidas.

Los ejércitos combinados de Forjaz y Grim Batol se dirigieron entonces al sur, con la intención de destruir a Thaurissan y a su clan de una vez por todas. No habían avanzado mucho cuando la furia de Thaurissan dio lugar a un hechizo de proporciones cataclísmicas. Intentando invocar a un sirviente sobrenatural que le asegurase su victoria, Thaurissan llamó a los antiguos poderes que dormían bajo el mundo. Para su sorpresa, y la que sería su perdición definitiva, la criatura que emergió era más terrible que cualquier pesadilla que pudiera haber imaginado.

Ragnaros, el Señor de Fuego, señor inmortal de todos los elementales de fuego, había sido expulsado por los titanes cuando el mundo era joven. Ahora, liberado por la llamada de Thaurissan, Ragnaros volvió al mundo una vez más. Su apocalíptico renacimiento en Azeroth destrozó las Montañas Crestagrana y creó un gran volcán en el centro de la devastación. El volcán, conocido como Cumbre de Roca Negra, estaba rodeado por La Garganta de Fuego por el norte y las Estepas Ardientes por el sur. Aunque Thaurissan murió por las fuerzas que él mismo había liberado, sus hermanos supervivientes fueron esclavizados por Ragnaros y sus elementales. Hoy por hoy, siguen en la Cumbre.

Contemplando la horrible devastación y los incendios que se extendían por las montañas del sur, los reyes Madoran y Khardros detuvieron sus ejércitos y rápidamente se dieron la vuelta para volver a sus reinos, sin intención de enfrentarse a la asombrosa ira de Ragnaros.

Los Barbabronce volvieron a Forjaz y reconstruyeron su gloriosa ciudad. Los Martillo Salvaje también volvieron a Grim Batol. Sin embargo, la muerte de Modgud había dejado una mancha maligna en la fortaleza montañosa, y los Martillo Salvaje descubrieron que era inhabitable. Sus corazones se llenaron de amargura por la pérdida de su amado hogar. El rey Barbabronce les ofreció un lugar para vivir dentro de las fronteras de Forjaz, pero éstos rechazaron la oferta rápidamente. Khardros se llevó a su pueblo hacia el norte, hacia las tierras de Lordaeron. Se asentaron en los frondosos bosques de las Tierras del Interior y crearon la ciudad de Pico Nidal, donde vivieron más cerca de la naturaleza e incluso unidos a los poderosos grifos de la zona.

Los enanos de Forjaz construyeron dos arcos masivos, el Puente Thandor, para cubrir la separación entre Khaz Modan y Lordaeron, con la intención de mantener las relaciones y comerciar con sus primos. Fortalecidos por el comercio mutuo, los dos reinos prosperaron. Tras las muertes de Madoran y Khardros, sus hijos encargaron dos grandes estatuas en honor a sus padres. Las dos estatuas harían guardia sobre el paso a las tierras del sur, que se habían vuelto volcánicas cuando apareció la ardiente presencia de Ragnaros. Ambas servirían tanto de advertencia a todos aquellos que se atrevieran a atacar a los reinos enanos como de recordatorio del precio que los Hierro Negro habían pagado por sus crímenes.

Los dos reinos mantuvieron estrechos lazos durante algunos años, pero los Martillo Salvaje habían cambiado mucho por los horrores que habían presenciado en Grim Batol. Prefirieron vivir en la superficie de las lomas de Pico Nidal en lugar de tallar un gran reino en el interior de la montaña. Las diferencias ideológicas entre los dos clanes enanos, acabarían haciendo que cada uno siguiera su camino.

World of Warcraft[editar | editar código]

En WoW Icon 16x16.gif puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en el manual de Warcraft III. Dicho libro puede encontrarse en el Monasterio Escarlata, Sala de los Exploradores de Forjaz, el distrito de los enanos en Ventormenta, el Domiciio de Profundidades de Roca Negra y la Excavación de Bael'dun in Mulgore. Cuenta para el logro Inv misc book 04.png [Erudito].


La guerra de los Tres Martillos

Los enanos de la montaña de Forjaz vivieron en paz durante muchos siglos. Sin embargo, su sociedad creció demasiado dentro de los confines de sus montañosas ciudades. Aunque el poderoso gran rey Modimus Yunquemar reinó entre los enanos con justicia y sabiduría, tres poderosas facciones se habían rebelado contra la sociedad enana.

El clan Barbabronce, dirigido por el Señor feudal Madoran Barbabronce, mantenía estrechos lazos con el gran rey, siendo los tradicionales defensores de la montaña de Forjaz. El clan Martillo Salvaje, dirigido por el Señor feudal Khardros Martillo Salvaje, habitaba en las estribaciones y los riscos situados alrededor de la base de la montaña e intentaba incrementar su grado de control sobre la ciudad.

La tercera facción, el clan Hierro Negro, estaba dirigido por el hechicero y Señor feudal Thaurissan. Los Hierro Negro se ocultaban entre las oscuras sombras de la montaña y complotaban contra sus primos Barbabronce y Martillo Salvaje.

Durante un tiempo, las tres facciones mantuvieron una frágil paz, pero las tensiones terminaron por explotar cuando murió el gran rey Yunquemar. Los tres clanes lucharon por el control de Forjaz. La guerra civil de los enanos se desarrolló bajo tierra durante muchos años. Finalmente, los Barbabronce, que disponían del ejército más poderoso, desterraron a los Hierro Negro y a los Martillo Salvaje de las profundidades de la montaña.

Khardros y sus guerreros Martillo Salvaje viajaron hacia el norte, atravesando las puertas de la barrera de Dun Algaz y fundaron su propio reino en las entrañas de la distante montaña de Grim Batol. Allí, los Martillo Salvaje prosperaron y volvieron a recuperar sus tesoros. A Thaurissan y a los Hierro Negro no les fue tan bien. Humillados y airados por su derrota, juraron venganza contra Forjaz. Conduciendo a su gente hacia el sur, Thaurissan fundó una ciudad (a la que puso su propio nombre) dentro de las bellas montañas Crestagrana.

La prosperidad y el paso de los años no lograron calmar el rencor de los Hierro Negro contra sus primos. Thaurissan y su mujer hechicera Modgud, lanzó un asalto en dos flancos contra Forjaz y Grim Batol al mismo tiempo. Los Hierro Negro intentaron reclamar la posición de la totalidad de Khaz Modan.

Los ejércitos de los Hierro Negro se lanzaron contra las fortalezas de sus primos y estuvieron muy cerca de tomar ambos reinos. No obstante, Madoran Barbabronce condujo a su clan a una victoria decisiva sobre el ejército de hechiceros de Thaurissan. Thaurissan y sus siervos huyeron para refugiarse en su ciudad, sin ser conscientes de lo que estaba ocurriendo en Grim Batol, donde el ejército de Modgud no lo estaba haciendo mejor contra Khardros y sus guerreros Martillo Negro.

Al enfrentarse a los guerreros enemigos, Modgud utilizó sus poderes para insuflar el temor en sus corazones. Bajo sus órdenes, las sombras se pusieron en marcha y surgieron oscuros objetos desde las profundidades de la tierra que acecharon a los Martillo Salvaje en sus propias salas. Finalmente, Modgud atravesó las puertas y puso la fortaleza bajo sitio. Los Martillo Salvaje lucharon desesperadamente y el propio Khardros acometió las agitadas masas para asesinar a la reina hechicera.

Perdida su reina, los Hierro Negro huyeron ante la furia de los Martillo Salvaje. Escaparon hacia el sur en dirección a la fortaleza de su rey y se encontraron con los ejércitos de Forjaz, que habían acudido en ayuda de Grim Batol. Cogidas entre dos fuegos, las fuerzas restantes de los Hierro Negro fueron destruidas por completo.

Posteriormente, los ejércitos conjuntos de Forjaz y Grim Batol se dirigieron al sur, intentando destruir a Thaurissan y a sus Hierro Negro de una vez por todas. No pudieron ir muy lejos cuando la furia de Thaurissan se materializó en un encantamiento de proporciones catastróficas. Al intentar conseguir la ayuda de un esbirro sobrenatural que garantizara su victoria, Thaurissan despertó antiguos poderes que dormían bajo el mundo. Para su sorpresa y, finalmente, para su condena, la criatura que emergió fue más terrible que cualquier pesadilla que pudiera imaginar.

Ragnaros, el Señor de Fuego, señor inmortal de todos los elementos flamígeros, había sido desterrado por los titanes cuando el mundo era joven. Ahora, liberado por la llamada de Thaurissan, Ragnaros volvió a la existencia una vez más. El renacimiento apocalíptico de Ragnaros en Azeroth hizo añicos las montañas Crestagrana y creó un rugiente volcán situado en el centro de la devastación.

El volcán, conocido como la montaña Roca Negra, limitaba al norte con la Garganta de Fuego y al sur con las Estepas Ardientes. Si bien Thaurissan fue asesinado por las fuerzas que lo habían liberado, sus hermanos que le sobrevivieron finalmente fueron esclavizados por Ragnaros y sus elementales. Hasta el día de hoy, permanecen en las profundidades de Roca Negra.

Habiendo presenciado la horrenda devastación, donde los fuegos se extendían a lo largo de las montañas del sur, el rey Madoran y el rey Khardros detuvieron sus ejércitos y regresaron a toda prisa hacia sus respectivos reinos, incapaces de hacer frente a la ira de Ragnaros.

Los Barbabronce regresaron a Forjaz y reconstruyeron la gloriosa ciudad. Asimismo, los Martillo Salvaje regresaron a casa en Grim Batol. Sin embargo, la muerte de Modgud dejó una pátina maléfica sobre la fortaleza de la montaña y resultó ser inhabitable.

Los corazones de los Martillo Salvaje sentían la amargura que suponía la pérdida de su amado hogar. El rey Barbabronce ofreció a los Martillo Salvaje un lugar donde vivir, situado en los límites de Forjaz, pero estos se negaron en redondo. Khardros condujo a su gente hacia el norte en dirección a las tierras de Lordaeron. Asentados en los exuberantes bosques de las tierras del interior, los Martillo Salvaje construyeron la ciudad de Pico Nidal, en donde los Martillo Salvaje crecieron cerca de la naturaleza e, incluso, se vincularon a los poderosos grifos de la región.

Al intentar conservar las relaciones y el comercio con sus primos, los enanos de Forjaz construyeron dos grandes arcos, el Puente Thandol, que une Khaz Modan con Lordaeron. Enriquecidos mediante el comercio mutuo, los dos reinos prosperaron. Tras las muertes de Madoran y Khardros, sus hijos encargaron conjuntamente la construcción de dos grandes estatuas en honor a sus padres.

Las dos estatuas guardarían el paso hacia las tierras del sur que, en presencia del ardiente Ragnaros, se habían convertido en tierras volcánicas. Sirvieron tanto como advertencia a aquellos que pretendían atacar los reinos de los enanos, como recordatorio del precio que pagaron los Hierro Negro por sus crímenes.

Los dos reinos mantuvieron estrechos lazos durante años, pero los Martillo Salvaje cambiaron en gran medida a causa de los horrores que presenciaron en Grim Batol. En lugar de excavar un vasto reino en el interior de la montaña, decidieron vivir en la superficie, en las laderas de Pico Nidal. Las diferencias ideológicas entre los dos clanes de enanos que quedaban condujeron finalmente a su separación.

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