Los guardianes de Tirisfal

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Los Guardianes de Tirisfal es parte del Capítulo II de la Historia de Warcraft.

En WoW Icon 16x16.gif aparece otra versión retocada en forma de libro que los jugadores pueden leer.

2.700 años antes de Warcraft I

Con la ausencia de los trols en las tierras del norte, los elfos de Quel'Thalas dedicaron sus esfuerzos a la reconstrucción de su gloriosa patria. Los victoriosos ejércitos de Arathor volvieron a casa, a las tierras del sur de Strom. La sociedad humana de Arathor creció y prosperó, pero Thoradin, temeroso de que su reino se partiera en pedazos si se hacía demasiado grande, hizo que Strom fuera el centro del Imperio arathoriano. Después de muchos años de crecimiento y comercio, el poderoso Thoradin murió de viejo, dando a la joven generación de Arathor libertad para expandir el imperio más allá de las tierras de Strom.

Los cien magi originales, aquellos que habían recibido las enseñanzas en las artes de la magia de los elfos, aumentaron sus poderes y estudiaron las disciplinas místicas del tejido de hechizos con mucho más detalle. Estos magi, elegidos inicialmente por su fuerte voluntad y noble espíritu, siempre habían practicado su magia con cuidado y responsabilidad; sin embargo, pasaron sus secretos y poderes a una generación más joven, que no comprendía los conceptos de los rigores de la guerra o la necesidad del autocontrol. Estos jóvenes magos comenzaron a practicar la magia en beneficio propio, en lugar de por responsabilidad hacia sus camaradas.

A medida que el imperio crecía y se expandía por nuevas tierras, los jóvenes magos también se extendían por las tierras del sur. Portando sus poderes mágicos, los magos protegían a sus compañeros de las criaturas salvajes de la tierra e hicieron posible que se pudieran construir nuevas ciudades estado en los territorios salvajes. Pero a medida que sus poderes crecían, se iban volviendo más engreídos y se aislaban del resto de la sociedad.

La segunda ciudad estado de Arathor fue Dalaran, fundada en las tierras al norte de Strom. Muchos magos novatos dejaron atrás los opresivos confines de Strom y viajaron a Dalaran, donde esperaban usar sus nuevos poderes con mayor libertad. Estos magos hicieron uso de sus habilidades para construir las torres encantadas de Dalaran y disfrutaban continuando sus estudios. Los ciudadanos de Dalaran toleraban el comportamiento de los magos y crearon una floreciente economía bajo la protección de sus defensores usuarios de la magia. Pero a medida que más y más magos practicaban sus artes, el tejido de la realidad alrededor de Dalaran comenzó a debilitarse y romperse.

Los siniestros agentes de la Legión Ardiente, que habían sido desterrados cuando se colapsó el Pozo de la Eternidad, fueron atraídos de nuevo al mundo por el irresponsable uso de la magia por parte de los hechiceros de Dalaran. Aunque estos demonios relativamente débiles no aparecían en gran número, crearon una considerable confusión y caos por las calles de Dalaran. La mayoría de estos encuentros demoníacos eran sucesos aislados y la magocracia gobernante hizo todo lo que pudo para mantener dichos eventos ocultos al público. Enviaron a los magos más poderosos a capturar a los esquivos demonios, pero a menudo se encontraban claramente superados por los agentes solitarios de la poderosa Legión.

Después de varios meses, los supersticiosos campesinos comenzaron a sospechar que sus gobernantes hechiceros les ocultaban algo terrible. Las calles de Dalaran empezaron a llenarse de rumores revolucionarios, mientras la paranoica ciudadanía se preguntaba cuáles eran los motivos y prácticas de los magos que antes admiraban. La magocracia, temiendo que los campesinos se alzasen en armas y que Strom tuviera que tomar medidas contra ellos, se dirigió al único grupo que creía que entendería su particular problema: los elfos.

Cuando los elfos recibieron las noticias de la actividad demoníaca en Dalaran, enviaron rápidamente a sus magos más poderosos a las tierras humanas. Los magos elfos estudiaron las corrientes de energía en Dalaran e hicieron informes detallados de toda la actividad demoníaca que vieron. Su conclusión fue que aunque había solo un puñado de demonios sueltos por el mundo, la Legión seguiría siendo una amenaza terrible mientras los humanos siguieran usando la magia.

La Asamblea de Lunargenta, que gobernaba a los elfos de Quel'Thalas, hizo un pacto secreto con los señores magócratas de Dalaran. Los elfos contaron a los magócratas la historia antigua de Kalimdor y de la Legión Ardiente, una historia que todavía amenazaba al mundo. Informaron a los humanos de que mientras usasen la magia, necesitarían proteger a sus ciudadanos de los agentes maliciosos de la Legión. Los magócratas propusieron dar poderes a un único campeón mortal que los utilizaría para librar una guerra secreta eterna contra la Legión. Se remarcó que la mayoría de la humanidad nunca debería saber nada sobre los Guardianes o la amenaza de la Legión, por temor a que se amotinaran por miedo y paranoia. Los elfos aceptaron la proposición y fundaron una sociedad secreta que se ocuparía de la selección del Guardián y ayudaría a detener el avance del caos en el mundo.

La sociedad celebraba sus reuniones secretas en los sombríos Claros de Tirisfal, lugar del primer asentamiento de los elfos nobles en Lordaeron. Por ello, bautizaron a su secta secreta como Los Guardianes de Tirisfal. Los campeones mortales que eran elegidos para ser Guardianes eran imbuidos con poderes increíbles, tanto de la magia humana como de la élfica. Aunque solo había un Guardián a la vez, tenían un poder tan enorme que podían luchar contra los agentes de la Legión con una mano atada a la espalda, allá donde estuvieran en el mundo. El poder del Guardián era tan grande que solo el Consejo de Tirisfal tenía permiso para escoger a sucesores potenciales para el manto del Guardián. Cuando uno se volvía demasiado viejo o se cansaba de la guerra secreta contra el caos, el Consejo escogía a un nuevo campeón, y bajo unas condiciones controladas, canalizaba formalmente el poder del Guardián a su nuevo agente.

A medida que pasaban las generaciones, los Guardianes defendían a la humanidad de la amenaza invisible de la Legión Ardiente a lo largo de las tierras de Arathor y Quel'Thalas. Arathor creció y prosperó mientras el uso de la magia se extendía por el imperio. Mientras tanto, los Guardianes estaban muy atentos a las señales de actividad demoníaca.

World of Warcraft[editar | editar código]

En WoW Icon 16x16.gif puede leerse por medio de un libro cuyo texto presenta algunas variaciones con respecto al publicado en la página oficial de World of Warcraft. Dicho libro puede encontrarse en la fortaleza de Ventormenta, en el segundo piso del Animal Roñoso y el Santuario Atracasol de Dalaran y en la biblioteca de Karazhan. Cuenta para el logro Inv misc book 04.png [Erudito].

Los guardianes de Tirisfal

Sin la presencia de los trols en las tierras del norte, los elfos de Quel'Thalas centraron sus esfuerzos en reconstruir su gloriosa tierra. Los ejércitos victoriosos de Arathor volvieron a casa, en las tierras del sur de Strom.

La sociedad humana de Arathor creció y prosperó, no obstante Thoradin, temeroso de que su reino se desintegrase al adquirir un tamaño demasiado grande, afirmó que Strom sería el centro del imperio de Arathor. Tras muchos años de paz y crecimiento económico, el poderoso Thoradin murió en edad avanzada, ofreciendo a las jóvenes generaciones de Arathor libertad para expandir el imperio más allá de las fronteras de Strom.

Los cien magos originales, que fueron instruidos en la magia por los elfos, ampliaron sus poderes y estudiaron con mayor detenimiento las disciplinas místicas de los hechizos. Estos magos, inicialmente escogidos por su fuerza de voluntad y nobleza de espíritu, siempre habían practicado su magia con cuidado y responsabilidad. No obstante, transmitieron sus secretos y poderes a una nueva generación que no tenía idea de los rigores de la guerra o del principio de moderación.

Estos jóvenes magos empezaron a practicar la magia para darle un uso personal, sin tener en cuenta su responsabilidad hacia sus congéneres.

A medida que el imperio creció y adquirió nuevas tierras, los jóvenes magos también se establecieron en las tierras del sur. Mediante el uso de sus poderes místicos, los magos protegían a sus hermanos de las criaturas salvajes de la tierra e hicieron posible la construcción de nuevas ciudades estado en medio de la jungla. No obstante, a medida que aumentaba su poder, los magos se hicieron cada vez más engreídos y se aislaron del resto de la sociedad.

La segunda ciudad estado de Arathor, Dalaran, fue fundada en las tierras del norte de Strom. Muchos magos noveles abandonaron los confines de Strom y viajaron a Dalaran, en donde esperaban usar sus poderes con mayor libertad. Así, emplearon sus habilidades para construir las cimas encantadas de Dalaran y centrarse en la continuación de sus estudios.

Los ciudadanos de Dalaran toleraron los esfuerzos de los magos y consolidaron una economía ágil bajo la protección de sus defensores magos. Sin embargo, a medida que aumentaba el número de magos que ponían en práctica sus artes, el manto de realidad que rodeaba Dalaran empezó a resquebrajarse.

Los siniestros agentes de la Legión Ardiente, que habían sido desterrados durante la desaparición del Pozo de la Eternidad, se interesaron nuevamente por el planeta, gracias a la atención que en ellos despertaron los hechizos de los magos de Dalaran. Si bien estos demonios relativamente débiles no manifestaban su poder, sí sembraban la confusión y el caos en las calles de Dalaran.

La mayoría de estos encuentros demoníacos eran acontecimientos aislados, de manera que los magócratas en el poder hicieron lo que pudieron para mantener estas ceremonias en secreto. Los magos más poderosos fueron enviados a capturar a los escurridizos demonios, pero muchas veces se vieron superados por los solitarios agentes de la imponente Legión.

Transcurridos unos cuantos meses, los supersticiosos campesinos empezaron a sospechar que sus hechiceros gobernantes les estaban ocultando algo terrible. Rumores de revolución empezaron a extenderse por las calles de Dalaran, al tiempo que los ciudadanos paranoicos cuestionaban los motivos y las prácticas de los magos a quienes habían admirado en el pasado. Los magócratas, temiendo que los campesinos se levantarían y que Strom actuaría en su contra, acudieron al único grupo que consideraron capaz de comprender su particular problema: los elfos.

Tras conocer las actividades demoníacas de los magócratas en Dalaran, los elfos rápidamente enviaron a sus zahoríes más poderosos hacia tierras humanas. Los zahoríes élficos estudiaron las corrientes energéticas que fluían en Dalaran y realizaron informes detallados sobre toda la actividad demoníaca que encontraron. Concluyeron que, si bien solo había unos cuantos demonios dispersos por aquel territorio, la Legión sí constituía una verdadera amenaza si los humanos continuaban utilizando poderes mágicos.

El Consejo de Lunargenta, que gobernaba sobre los elfos de Quel'Thalas, firmó un pacto secreto con los señores magócratas de Dalaran. Los elfos contaron a los magócratas la historia del antiguo continente de Kalimdor y la Legión Ardiente, historia que aún amenazaba al planeta. Advirtieron a los humanos que, siempre que utilizaran la magia, debían proteger a sus ciudadanos de los agentes malvados de la Legión.

Los magócratas propusieron la idea de asignar poderes a un solo Campeón mortal para librar una guerra secreta interminable contra la Legión. Resaltaron que la mayor parte de los humanos no debía saber nada acerca de los Guardianes o de la amenaza de la Legión, para evitar disturbios causados por el miedo y la paranoia. Los elfos aceptaron la propuesta y fundaron una sociedad secreta para supervisar la elección del Guardián, ayudando a contener el aumento del caos en el mundo.

La sociedad mantuvo sus reuniones secretas en los Claros de Tirisfal, donde los elfos nobles se habían establecido por primera vez en Lordaeron. Así, llamaron a su secta secreta los Guardianes de Tirisfal. Los campeones mortales que fueron elegidos por los Guardianes recibieron increíbles poderes élficos y humanos. Si bien solo podía existir un Guardián cada vez, su poder era tan inconmensurable que podía responder a los ataques de la Legión sin ayuda de nadie en cualquier parte del planeta.

El poder del Guardián era tal, que solo el Consejo de Tirisfal podía elegir a los potenciales sucesores. Cada vez que un Guardián envejecía demasiado, o se cansaba de guardar los secretos de guerra contra el caos, el Consejo elegía a un nuevo Campeón y, bajo un estricto control, transmitían formalmente los poderes del Guardián a su nuevo agente.

Con el transcurso de las generaciones, los Guardianes defendieron a la humanidad de la invisible amenaza de la Legión Ardiente por todo el territorio de Arathor y Quel'Thalas. Arathor creció y prosperó, al tiempo que el uso de la magia se extendió por todo el imperio. Mientras tanto, los Guardianes vigilaban cuidadosamente cualquier señal de actividad demoníaca.

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