Tratado de los Antiguos Reyes

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El Tratado de los Antiguos Reyes es un libro que se encuentra en el Sagrario de la Luz. Contiene la historia de los artefactos de los paladines.

Contenido[editar | editar código]

Introdución[editar | editar código]

TRATADO DE LOS ANTIGUOS REYES

Paladin Crest.png

-Redactado por la Hermana Elda, archivista jefa-

La Mano de Plata[editar | editar código]

Artículo principal:  [Mano de Plata]

LA MANO DE PLATA

La Mano de Plata existe desde antes de que hubiera cualquier testimonio histórico escrito. Los titanes que dieron forma al mundo entregaron este portentoso martillo al guardián Tyr, que lo utilizó para liberar Azeroth de los perversos dioses antiguos.

A lo largo de los siglos que siguieron, la Mano de Plata sirvió para dar fe de la valentía y el sacrificio del guardián. Ahora, este legendario artefacto queda en tu poder. Blándelo con sensatez y honra la memoria de Tyr.

PRIMERA PARTE

Hace tiempo, los legendarios titanes crearon gigantes con piel de piedra y hierro para librar una guerra contra los dioses antiguos y liberar Azeroth de su opresivo yugo.

Estos gigantes estaban liderados por unos seres conocidos como guardianes, y el más poderoso de esos comandantes se llamaba Tyr. Armado con un inmenso martillo, Tyr ayudó a los suyos a doblegar la fuerza de los dioses antiguos y sus oscuros ejércitos. Forjó un nuevo y glorioso destino para Azeroth.

Tyr era un guerrero sin par, pero su rasgo más destacable era su convicción. Nunca se rendía. Nunca se apartaba de la misión que le habían encomendado los titanes. La mera visión de su martillo de plata en el campo de batalla inspiraba coraje a cuantos combatían a su lado.

SEGUNDA PARTE

Extracto de los escritos de una orden conocida como la Guardia de Tyr, que narran la mítica batalla de los guardianes Tyr y Odyn contra Ragnaros, el Señor del Fuego:

"Ragnaros se retiró al corazón de su guarida, donde era más poderoso, y aguardó a que sus enemigos vinieran a por él. Invocó fuego del cielo para atacar a Tyr y Odyn. El humo descendió sobre la tierra y todo se oscureció como la noche.

Una única luz brillante resplandecía en la oscuridad: el fulgor argénteo del gran martillo de Tyr, que oscilaba sin cesar entre las tinieblas, ora hacia delante, ora hacia atrás. Los erráticos movimientos confundieron a Ragnaros. Gradualmente, fue bajando la guardia, creyendo que Tyr y Odyn no tenían agallas para plantarle cara en combate.

Eso era justo lo que estaban esperando los guardianes.

Como un relámpago, Tyr perforó el humo y asestó a Ragnaros un golpe con su martillo. Odyn flanqueó entonces al Señor del Fuego, que ya se tambaleaba. De ese modo, los dos guardianes doblegaron a su enemigo".

TERCERA PARTE

Extracto del tercer capítulo de La Era de Galakrond, escrito por la historiadora Evelyna:

"Pese a ser un grandísimo guerrero, Tyr no salió ileso de todas sus batallas. Prueba de ello fue su enfrentamiento con el monstruoso protodragón Galakrond.

Muchísimos años después de que los guardianes derrotaran a los dioses antiguos y los encerraran bajo tierra, Galakrond emergió para dominar los cielos del mundo. Un hambre feroz lo empujaba a devorar todo a su paso.

Cuando Tyr se enteró de lo que estaba ocurriendo, temió que Galakrond acabara con toda la naturaleza y reunió a otros cinco protodragones para enfrentarse a él.

Aunque los cinco protodragones acabaron venciendo a Galakrond, los primeros ataques fueron un tanto infructuosos. Los nuevos aliados de Tyr no siempre trabajaban bien en equipo y, cuando lo lograban, Galakrond demostraba ser demasiado poderoso para la fuerza combinada del guardián y los protodragones.

En una batalla, el propio Tyr se enzarzó con Galakrond y golpeó a la bestia con su martillo. Los golpes apenas surtieron efecto. A Tyr se le escapó el arma y Galakrond devoró su mano.

Tyr logró salir con vida gracias a la ayuda de sus cinco aliados alados".

CUARTA PARTE

Extracto del noveno capítulo de La Era de Galakrond, escrito por la historiadora Evelyna:

"El guardián Tyr colaboró con un gigante llamado Jotun para reemplazar su apéndice. Para ello, extrajeron una veta de plata pura de las profundidades de Azeroth, que Jotun usó para forjarle una mano a su herido camarada.

Tyr quedó asombrado de la destreza de Jotun, así que pidió al gigante un último favor: que reforjase su martillo de guerra para incorporar la imagen de su nueva mano. El gigante aceptó, aunque le preguntó por qué quería atraer más atención sobre su lesión.

Tyr contestó que no creía que su mano de plata fuese la evocación de una derrota; para él, era un símbolo de su sacrificio para salvar Azeroth, y quería que todo el mundo lo viese así.

Cuando Jotun terminó con el martillo, Tyr bautizó su arma como la 'Mano de Plata'".

QUINTA PARTE

A medida que los años pasaron en Azeroth, los lazos de unión entre Tyr y los demás guardianes se fueron deteriorando.

El guardián Loken sucumbió al influjo del dios antiguo aprisionado Yogg-saron. El gigante, antaño noble, se volvió contra los suyos, encerrando a muchos de ellos o incapacitándolos. La traición de Loken prendió la chispa del caos entre los terráneos, los vrykuls y otras criaturas forjadas por los titanes, que servían a los guardianes.

Solo Tyr y un puñado de sus aliados más cercanos eludieron la ira de Loken. Aunque tenían pensado acabar con el guardián corrompido, antes necesitaban hallar un refugio para los terráneos y sus otros siervos inocentes. Tyr reunió a los forjados por los titanes bajo su mando y partió rumbo al sur en busca de un lugar seguro, fuera del alcance de Loken.

El viaje fue duro, y muchos de los forjados por los titanes estaban preocupados por el futuro. Solo la visión de Tyr liderando la marcha, con el legendario martillo siempre en mano, era lo que les infundía la esperanza y la fuerza necesarias para continuar.

SEXTA PARTE

Casi todos los seguidores de Tyr se dirigieron al sur, pero Jotun no. Inspirado por los ideales de sacrificio personal del guardián, el gigante se quedó atrás para distraer a Loken y ayudar a enmascarar la huida de sus aliados.

Lo logró, pero la heroicidad le salió cara.

Cuando Loken se enteró de que muchos de los forjados por los titanes habían huido al sur, capturó a Jotun y alteró su mente. El gigante maldito se vio forzado a rastrear las inmediaciones de Ulduar para destruir a Tyr, así como todo aquello que simbolizase su poder y a cualquiera que compartiese sus ideales.

Para empezar, Jotun hizo añicos el yunque que había usado para forjar la mano de Tyr y rehacer su martillo.

SÉPTIMA PARTE

Extracto de los escritos de la Guardia de Tyr, en el que se narra la muerte de Tyr:

"Loken despertó a dos de los generales más poderosos de los dioses antiguos y los mandó en busca de Tyr. Estas enormes criaturas recibían el nombre de C'thraxxi. Se lanzaron al sur y lograron dar con Tyr y los refugiados forjados por los titanes en la tierra que conocemos como Tirisfal. O, como la llamaban los vrykuls, 'Caída de Tyr'.

Tyr se enfrentó en solitario a los C'thraxxi en lo que sería su último y más heroico momento.

Tyr recurrió a todo lo que había aprendido en combate. Blandía la Mano de Plata como si fuese una extensión de su propio cuerpo. Los C'thraxxi lanzaban maliciosos tajos a su piel metálica, pero el martillo de Tyr lo escudaba con su poder sagrado y sanaba sus heridas. La batalla parecía no acabar nunca; ni el guardián ni sus enemigos cedían terreno.

Tyr sabía que solo había un modo de garantizar la seguridad de sus aliados: desató sus inmensos poderes, originando una explosión de magia arcana que abrió un cráter gigantesco en el suelo. Tyr y uno de sus contricantes murieron en el acto. El otro, gravemente herido, se retiró del campo de la batalla".

OCTAVA PARTE

Tras el sacrificio de Tyr, sus aliados dieron sepultura al guardián caído y al C'thraxxi muerto en el mismo lugar donde yacían. Ninguno de los forjados por los titanes se sintió digno de quedarse con el martillo de su líder, así que lo enterraron con el cadáver.

Acto seguido, los seguidores de Tyr encantaron la tumba con resguardos. Vincularon la Mano de Plata a estos sellos mágicos, garantizando así que nadie lo tocase en el futuro.

De todos los forjados por los titanes que habían ido al sur, los vrykuls fueron quienes más se conmovieron ante lo que Tyr había hecho por protegerlos, de modo que decidieron quedarse en la región y velar por la tumba del guardián.

NOVENA PARTE

Extracto de Leyendas de la Mano de Plata, de la historiadora Evelyna:

"En algún momento del pasado lejano de Azeroth, la humanidad emergió en los Claros de Tirisfal. Los vrykuls de piel de hierro que vivían allí se fueron extinguiendo lentamente. Muchos sufrieron 'la maldición de la carne', una extraña enfermedad que los transformaba en criaturas de carne y hueso.

Sin embargo, hubo un grupo de vrykuls que duró más que los otros. Formaron un grupo secreto, la Guardia de Tyr, para proteger la tumba del guardián Tyr. Los vrykuls de esta orden sabían que no vivirían eternamente, por lo que reclutaron a algunos humanos en sus filas.

Los vrykuls enseñaron a los miembros humanos de la Guardia de Tyr la historia del guardián caído, sus ideales de sacrificio y justicia, y la verdad de lo que yacía con él en la tumba".

DÉCIMA PARTE

En tiempos pasados, los únicos humanos que alguna vez pudieron profanar la tumba de Tyr y sortear a sus protectores estaban bajo las órdenes del legendario rey humano Thoradin. Cuando el anciano gobernante abdicó del trono, se obsesionó con la historia de su raza y su curiosidad lo llevó a descubrir el lugar de descanso eterno de Tyr.

Cuando llegó a la tumba, la Guardia de Tyr le plantó cara. El antiguo rey iba acompañado de un potente séquito de guardias y hechiceros experimentados, y se produjo un tenso enfrentamiento. Pero, aun cuando los miembros de la Guardia de Tyr no querían que los invasores perturbasen el sepulcro, tampoco querían causar un baño de sangre.

Thoradin y sus seguidores se abrieron paso a la fuerza, superando a la Guardia de Tyr. A partir de ahí, gran parte de lo que se conoce no tiene mayor consideración que la de simples rumores. Se dice que Thoradin y su séquito se adentraron en las oscuras catacumbas y nadie volvió a verlos nunca.

Los miembros de la Guardia de Tyr sabían que los magi de Thoradin habían roto los resguardos de la tumba en su imprudente ambición de explorar el sepulcro y, temiendo que otra intromisión pudiera despertar al C'thraxxi allí enterrado y desatar su maldad sobre el mundo, los miembros de la orden juraron ese día no volver a poner pie en las catacumbas.

UNDÉCIMA PARTE

Durante miles de años, la Guardia de Tyr prosiguió con su sagrado deber. Nuevos miembros reemplazaron a los antiguos y, con el tiempo, adoptaron más técnicas para proteger mejor la tumba de Tyr. En concreto, los defensores sentían afinidad por los paladines, guerreros sagrados que se alzaron para combatir a la Horda de los orcos durante la Segunda Guerra.

Los miembros de la Guardia de Tyr aprendieron a utilizar la Luz Sagrada y se convirtieron en poderosos paladines. Sin embargo, ni siquiera este poder recién adquirido pudo salvar a la orden de la Plaga de no-muertos.

Cuando la Plaga arrasó el reino humano de Lordaeron, la Guardia de Tyr se vino abajo. Solo unos pocos valerosos miembros, liderados por un paladín llamado Travard, perseveraron en mantener los antiguos votos.

Veraguardia[editar | editar código]

Artículo principal:  [Veraguardia]

VERAGUARDIA

Muchos son los que han tratado de destruir la Veraguardia. Belisarios vrykuls, poderosos gigantes e incluso los perversos esbirros de los dioses antiguos. Este escudo pudo con todos y cada uno de ellos sin sufrir ni un leve arañazo en su resplandeciente superficie.

Pero la Veraguardia es más que una simple pieza de armamento, es la encarnación de la justicia, la nobleza y el honor. Lleva este escudo como quien porta una antorcha en la oscuridad. Ilumina con él a quienes no tienen esperanza y fulmina las sombras que envuelven al mundo en muerte y desesperación.

PRIMERA PARTE

Los poemas terráneos y las sagas épicas de los vrykuls sitúan el origen de la Veraguardia en tiempo de guerra, cuando ejércitos forjados de hierro marchaban por el norte y hacían temblar las montañas.

La principal fuerza hostil de esta guerra eran los temibles vrykuls Inbjerskorn. ¿Su objetivo? Dominar las tierras que rodeaban Ulduar y acabar con toda resistencia. Los Inbjerskorn eran un pueblo que adoraba la violencia, y el que más se deleitaba con ella era Yrgrim. Formaba parte de la sanguinaria vanguardia del clan, liderando saqueos brutales contra los afables terráneos de la zona.

Es extraño que alguien tan obsesionado con matar empuñara un día la Veraguardia, un símbolo de justicia y honor. Pero los caminos del destino son inescrutables.

SEGUNDA PARTE

Extracto de un conjunto de tablillas terráneas tituladas La Guerra de los Inbjerskorn:

"El ruido de espada contra escudo resonaba por la caverna. Las hojas encantadas de los Inbjerskorn atravesaban la piel de piedra de los terráneos con facilidad, cortando miembros y rebanando cabezas.

Cuando los Inbjerskorn arrinconaron a los terráneos restantes al fondo de la caverna, el líder vrykul se lanzó en un último ataque con su espada. Pero su cuerpo se desplomó antes de alcanzar a su presa...

Otro Inbjerskorn se había abalanzado sobre él. Rápidamente, trazó un arco con su espada y acabó con el resto de sus hermanos.

'Seguidme y viviréis', dijo el vrykul después de su matanza. 'Quedaos aquí y esta será vuestra tumba'.

Más adelante, los terráneos preguntaron a Yrgrim por qué los había salvado.

'El ansia de la batalla se ha disipado y he visto la verdad', contestó Yrgrim. 'Matar por matar... conquistar por conquistar... no demuestra honor. Solo vergüenza y arrepentimiento'".

TERCERA PARTE

Yrgrim llevó a los terráneos supervivientes hasta el guardián Tyr, el único que podía salvarlos de los Inbjerskorn. El guerrero vrykul no esperaba una recompensa por ello; más bien todo lo contrario. Yrgrim había asesinado a incontables terráneos inocentes, y pensó que Tyr lo ejecutaría por ello.

Según una leyenda vrykul, esto es lo que Tyr le dijo a Yrgrim: "No puedo limpiar tus manos de sangre. Nadie puede. Pero puedo ofrecerte un camino para seguir adelante: quédate conmigo. Persigue a los malvados con la misma ferocidad con que cazabas a los terráneos. Hazlo, y encontrarás el camino a la redención".

Ese día, Yrgrim juró a las lunas gemelas que serviría a Tyr y adoptaría sus nobles ideales. A cambio, el guardián entregó al vrykul un escudo como ningún otro.

Se llamaba la Veraguardia.

CUARTA PARTE

De la saga vrykul La Forja de la Veraguardia:

"Tres golpes necesitó el guardián Archaedas para dar forma a la Veraguardia. Con el primer golpe del martillo, ríos de lava brotaron de las montañas heladas. Con el segundo, se oyó un aullido, y unos relámpagos incendiaron los cielos. Con el tercero, un rayo de sol atravesó las nubes y acarició a la superficie de la Veraguardia.

En la distancia, el guardián Tyr y la giganta Hierraya observaron su trabajo. Ambos habían colocado en la creación de la Veraguardia: Tyr aportando una parte de su mano de plata para imbuir el escudo de poder justiciero y Hierraya tallando un disco de piedra usando su propia piel y grabándole unas runas de protección".

QUINTA PARTE

La Veraguardia se estrenó en los últimos días de la Guerra de los Inbjerskorn.

Mientras exploraba los fríos baldíos en busca de terráneos a los que proteger, Yrgrim se encontró con un pequeño grupo de saqueadores Inbjerskorn. Los Inbjerskorn conocían bien al "desertor", de modo que maldijeron el nombre de Yrgrim y se mostraron ansiosos por derramar su sangre.

Yrgrim les propuso un desafío: si algún vrykul lograba arrebatarle el escudo, se rendiría. Si los Inbjerskorn fracasaban, abandonarían sus armas y le escucharían.

Uno tras otro, los vrykuls cargaron contra Yrgrim y sus hojas encantadas rebotaron en la Veraguardia, dejando apenas unos rasguños en su superficie.

"Fracasáis porque lucháis con crueldad e injusticia", dijo Yrgrim a los sorprendidos vrykuls. "Mientras los pensamientos malvados guíen vuestra mano, nunca os convertiréis en los campeones que esperáis ser". Luego les explicó lo que había aprendido de Tyr, los nobles principios sobre la justicia que ahora guiaban su vida.

Uno tras otro, los vrykuls se unieron a la causa de Yrgrim y abandonaron sus hojas encantadas.

SEXTA PARTE

La Guerra de los Inbjerskorn no era más que el síntoma de un problema más grave: el guardián Loken. Loken se había dejado seducir por la oscuridad, encarcelando a muchos compañeros guardianes en las cámaras sagradas de Ulduar. Pero ¿por qué cometió tal atrocidad? ¿Qué pudo llevar a un ser tan noble como Loken a abusar de su poder?

La Veraguardia respondió a algunas de esas preguntas.

A instancias de Tyr, Yrgrim recorrió las afueras de Ulduar con su escudo y se enfrentó a un pequeño grupo de sirvientes de Loken. Algunos eran enormes gigantes de fuego, otros eran vrykuls de piel de hierro cuyo único propósito era infligir muerte. Yrgrim los derrotó a todos. Cuando sus enemigos cayeron de rodillas, los obligó a contemplar su propio reflejo en la Veraguardia.

El poder justiciero del escudo despejó las mentiras y medias verdades que nublaban sus mentes. Vieron por primera vez que no eran más que peones de Loken. Los enemigos de Yrgrim revelaron muchos detalles sobre el guardián caído, pero uno fue especialmente preocupante...

Loken había sucumbido ante Yogg-saron, el malvado dios antiguo encarcelado en Ulduar.

SÉPTIMA PARTE

Extracto de un libro inacabado sobre los orígenes de los enanos, por la historiadora real Archesonus:

"Tyr juró derrotar al guardián Loken, pero necesitaba tiempo para organizarse. También necesitaba cobijar a los terráneos inocentes, mecagnomos y vrykuls que vivían en los alrededores de Ulduar. Cuando Tyr llevó a estas criaturas al sur en busca de refugio, ordenó a su fiel sirviente Yrgrim que se quedara atrás para rechazar a todos los esbirros de Loken que intentaran impedir la huida de los refugiados.

Yrgrim, armado con el escudo de la Veraguardia, obedeció a su maestro. Sería la última vez que vería a Tyr con vida.

Pronto aparecieron tres gigantes de fuego para dar caza a los refugiados, pero Yrgrim les cerró el paso. Rodearon al vrykul solitario y golpearon a la Veraguardia. Ni siquiera los puños de los gigantes hicieron mella en el escudo.

Yrgrim esperó a que sus enemigos se agotaran de atacar a la Veraguardia y luego lanzó su ofensiva. Atacó con el escudo a los gigantes hasta que sus cuerpos fundidos se desplomaron y la sangre corrió como ríos de lava sobre la tierra".

OCTAVA PARTE

Mientras Yrgrim combatía a los gigantes de fuego, el guardián Loken desataba horrores ancestrales que habían permanecido encerrados en Ulduar. Se trataba de los C'thraxxi, monstruosos siervos de los dioses antiguos que salieron reptando de sus cámaras subterráneas, dieron esquinazo a Yrgrim y partieron dispuestos a exterminar a Tyr y sus variopintos seguidores.

Yrgrim percibió la abyecta presencia de los C'thraxxi y se lanzó en dirección sur tras las criaturas, pero para cuando pudo alcanzarlas, ya era demasiado tarde.

Tyr había plantado cara en solitario a los C'thraxxi, y había pagado con su vida el derrotarlos. Sus seguidores bautizaron el lugar como "Caída de Tyr", que en la lengua de los vrykuls se tradujo como "Tirisfal".

NOVENA PARTE

Yrgrim puso la primera piedra de la tumba que sería el lugar de descanso eterno de Tyr. Junto con sus aliados, trabajó en su construcción en silencio, todos con el corazón henchido de una reverencia agridulce. Una vez terminado el trabajo, los refugiados pusieron rumbo al sur en busca de refugio, pero Yrgrim no los siguió.

Hundió la Veraguardia en la tierra y juró velar la tumba de su maestro. Era lo menos que podía hacer para honrar el sacrificio de Tyr. Conmovidos por la decisión de Yrgrim, los otros vrykuls se unieron a él. DÉCIMA PARTE

Durante muchos años, Yrgrim permaneció en Tirisfal con la Veraguardia a su lado. Instó a sus aliados a perseguir la justicia y la nobleza, como él había hecho. De ese modo, los ideales de Tyr no solo pervivirían en historias y leyendas, sino que seguirían vivos en las hazañas de Yrgrim y de los demás vrykuls.

Cuando Yrgrim hubo enseñado a los vrykuls de Tirisfal todo cuanto sabía, abandonó la región. Sus batallas habían debilitado su piel de hierro, y ansiaba dar con un noble campeón que pudiese ocuparse de la Veraguardia.

La búsqueda de Yrgrim acabó por llevarlo, junto con su gran escudo, a una tierra conocida como Tormenheim.

UNDÉCIMA PARTE

Tormenheim era hogar de muchos vrykuls poderosos, así que Yrgrim estaba convencido de que encontraría allí a alguien capaz de ocuparse de la Veraguardia. Construyó una arena para poner a prueba el temple de los luchadores locales. Los rivales caían ante Yrgrim uno tras otro, y ninguno se ajustaba a los estándares que este buscaba.

Al final, no quedó nadie para afrontar las pruebas de Yrgrim. Abandonó la arena, pero no su búsqueda. Seguía albergando la esperanza de que, algún día, encontraría a su sucesor.

Yrgrim erigió una tumba inmensa y se encerró dentro. Allí, aguardó a que apareciese un héroe. Alguien con mucha fuerza de voluntad y un corazón puro. Alguien digno de portar la Veraguardia, como Tyr habría querido.

Crematoria[editar | editar código]

Artículo principal:  [Crematoria]

CREMATORIA

Ahora posees una de las armas más emblemáticas y renombradas que se hayan creado.

Antiguo azote de los no-muertos (y luego, durante un tiempo, uno de los recursos más valiosos para la Plaga), la Crematoria ha sido clave en el ascenso y la caída de señores, imperios y reyes, tanto vivos como no-muertos. Ha apoyado causas buenas y malas, y ahora queda en tus manos.

Blándela con juicio.

PRIMERA PARTE

Pocos artefactos o reliquias que conozcamos pueden rivalizar con el legendario linaje de la Crematoria.

Sus orígenes parecen remontarse a la Segunda Guerra entre orcos y humanos. Allí, en el campo de batalla, el famoso alto señor Alexandros Mograine se hizo con un orbe oscuro.

Aunque Alexandros consideraba el artefacto la personificación del poder de las sombras, también pensaba que, algún día, podría reforjarse como un arma para hacer el bien.

La visión de Alexandros se cumplió cuando el arma pasó a convertirse en la Crematoria.

SEGUNDA PARTE

Se dice que en el corazón de las sagradas estancias de Forjaz, la Crematoria fue forjada por el rey enano Magni Barbabronce, un forjador de armas sin igual.

Eran tiempos oscuros para el rey Magni, de luto tras la reciente pérdida de su hermano Muradin.

La leyenda cuenta que el rey Magni volcó toda la intensidad de su ira y su pena en el forjado de la Crematoria y que el resultado fue un arma con un poder de venganza y devastación incalculable.

TERCERA PARTE

Según los escritos, cuando el alto señor Alexandros Mograine se enfrentaba a los no-muertos, caían ante su filo sin esfuerzo. La hoja de su mano era como una extensión de su propia carne, un instrumento maravillosamente letal de pura destrucción

Cuando laceraba a sus enemigos de la Plaga, no dejaba más que huesos carbonizados y remolinos de ceniza.

De ahí el nombre de Crematoria.

CUARTA PARTE

En manos de Alexandros Mograine, la Crematoria azotó con una furia sin precedentes a los ejércitos saqueadores de la Plaga, lo que diezmó a los no-muertos de un modo devastador.

Y así fue durante mucho tiempo: hombre y arma fundidos en uno. La Crematoria adquirió una fama legendaria, atribuida no solo a su temible filo, sino al implacable caballero que la blandía.

QUINTA PARTE

Extracto del testimonio de Ribalimpia, consejero del alto señor Alexandros Mograine, poco antes de su ejecución:

"A las afueras de Stratholme, los no-muertos nos rodearon. Eran muchísimos. Se nos echaron encima oleada tras oleada... pero Alexandros permaneció en pie, implacable e invencible, como las rocas de un rompeolas.

No fueron los no-muertos quienes acabaron con Alexandros, sino su propio hijo, el traidor de Renault, que le arrebató la Crematoria y apuñaló a su padre por la espalda".

SEXTA PARTE

Relato de la batalla de Naxxramas, por Darion Mograine, según el testimonio de Atticos Krohl:

"En el corazón de Naxxramas, la ciudad flotante de los no-muertos, descubrí cuál había sido el destino de mi padre. Habían torturado y doblegado el espíritu de Alexandros; lo habían alzado de entre los caídos como caballero de la muerte para defender la misma Plaga que antaño había luchado por erradicar.

Habían arrancado todo lo bueno de su persona, dejando solo una carcasa amargada y podrida. Para defender mi vida, me vi obligado a acabar con su existencia maldita, o eso creí.

La espada, la Crematoria... me hablaba con la voz de mi padre".

SÉPTIMA PARTE

Del Liber Monasterium:

"Y así fue como Darion Mograine, guiado por la voz de su padre, llevó la Crematoria al Monasterio Escarlata, donde descubrió la traición de su hermano Renault.

El fantasma vengador de Alexandros Mograine se manifestó, surgiendo de la Crematoria. Renault imploró perdón y un giro de la espada corrupta separó su cabeza de sus hombros.

'Estás perdonado', respondió Alexandros".

OCTAVA PARTE

Un extracto de La Batalla por la Capilla de la Esperanza de la Luz:

"El Alba Argenta reunió sus tropas en la Capilla de la Esperanza de la Luz para hacer frente al enjambre de ejércitos de la Plaga. Comenzó la batalla y, aunque todos luchamos con valor, no parecía que tuviéramos grandes esperanzas de salir victoriosos.

En nuestro momento más oscuro, Darion Mograine, en un esfuerzo por liberar el alma condenada de su padre, hundió la Crematoria en su propio pecho.

Fue entonces cuando las almas de miles de campeones enterrados bajo la Capilla de la Luz provocaron una explosión de Luz pura, que acabó con nuestros enemigos al instante".

NOVENA PARTE

Existen muchos testimonios de primera mano sobre la segunda batalla por la Capilla de la Esperanza de la Luz. Difieren en algunas cosas, pero en otros puntos están de acuerdo. Lo que se sabe es que, varios años después de su sacrificio en la primera batalla por la Capilla de la Esperanza de la Luz, Darion Mograine regresó como un conquistador, un caballero de la muerte al servicio del Rey Exánime.

Se enfrentó a su antiguo aliado, el caballero de la Mano de Plata Tirion Vadín. Al final Darion fue derrotado, aunque el mismísimo Arthas, el Rey Exánime, apareciera en el campo de batalla.

En un aparente acto de arrepentimiento, Darion entregó la Crematoria a Tirion, que la purificó al tocarla. Gracias a un poderoso golpe de la incorrupta Crematoria, el Rey Exánime se vio obligado a retirarse.

DÉCIMA PARTE

Tras la segunda batalla por Esperanza de la Luz, la Crematoria permaneció en manos de Tirion Vadín, alto señor de la Cruzada Argenta. Para seleccionar a los mejores campeones de todo Azeroth, Tirion organizó un concurso de fuerza y destreza conocido como el Torneo Argenta.

Con el tiempo, la Cruzada Argenta de Tirion logró atravesar el portón principal de la Ciudadela de la Corona de Hielo del Rey Exánime. Durante el asedio a la Corona de Hielo, el Alto Señor hizo un pacto con Darion Mograine y sus Caballeros de la Espada de Ébano, cuyo resultado fue el Veredicto Cinéreo, una orden con un único propósito: destruir al Rey Exánime.

UNDÉCIMA PARTE

El asalto final a la Ciudadela de la Corona de Hielo es una de las campañas militares más legendarias de la historia reciente.

Junto a muchos de los campeones más famosos de Azeroth, Tiron Vadín continuó su cruzada contra la Plaga y lideró un ataque final contra el centro de mando del Rey Exánime.

Allí, Tirion se enfrentó a Arthas una vez más, en silencio, mientras el choque de las espadas resonaba por los baldíos helados. Al final de la encarnizada batalla, la Crematoria destrozó de un solo golpe la Agonía de Escarcha, la espada de Arthas.

Arthas fue derrotado por fin, y la Crematoria purificada ocupó su lugar entre las armas más famosas de la historia de Azeroth.

Véase también[editar | editar código]

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